¿ME PODES DISPARAR, POR FAVOR? Novela de Facundo, 2002

¿ME PODES DISPARAR, POR FAVOR?
Si un joven con vocación de escritor se acercase a usted, Borges, para pedirle un consejo, ¿qué le diría?
“Le diría que buscara la sencillez, que pensara en el lector, no para asombrarlo, porque al fin del cuentas ser asombroso es una ambición ridícula, sino para poder entenderse con él.
Le diría que desconfiara de los diccionarios, de esa riqueza ilusoria de palabras que nos presentan.
Le diría que tratara de escribir en lo posible de un modo oral, pero el estilo escrito que se parece al oral, sin las vacilaciones, sin las torpezas, sin las imprecisiones de éste.
El estilo barroco, que suelen cultivar los jóvenes, adolece de un pecado de vanidad.
Creo que nos desagrada por eso.
Jorge Luis Borges
(Reportaje de Antonio Requeni,
Junio, 1969
Diario “La voz del Interior”, Córdoba)
¿ME PODES DISPARAR, POR FAVOR?
1. No dejes de bailar, nunca (Una estrella cae)
2. Ciboulette
3. Soy perfecto
4. Vidas iguales
5. Vogue estrellado
6. Secuencias
7. El vendedor de tiempo
8. Blanca flor
9. Programa- Programación de programas
10. Final
NO DEJES DE BAILAR, NUNCA
(UNA ESTRELLA CAE)
Buenos Aires suburbana, 2003
En la televisión termina el noticiero de las veinte, con las imágenes de un informe especial sobre una bomba que explotó en un enorme estadio, donde se realizaba un festival solidario, con motivo de recaudar fondos para los niños con hambre, discapacitados, e infectados con HIV. El atentado tuvo lugar en Somalía, África.
Las letras rojas no dejan de titilan con la cifra de ocho mil niños muertos. Los número aparecen y desaparecen en la pantalla.
A Antonio le brillan los ojos al pensar en esa cifra. Los números se le quedan pegados en la cabeza como si fueran mágicos. Le abren la puerta a otro mundo posible. Piensa todo lo que podría hacer con esa plata. Se imagina con Nancy en una playa del Caribe, o en Miami. Tomando sol y nadando todo el día. Por la noche la llevaría a los lugares más lujosos de la costa este. Tendría una limousina blanca, muy larga, con un chofer siempre vestido de negro. Le daría todo lo que a ella quisiera. Y él tomaría la mejor cerveza de la mañana a la noche.
La música del informativo que anuncia el final de la edición del día, lo saca de su sueño. Mira el reloj. Se da cuenta que fue una edición especial, y que el programa duró más de lo esperado. Ya son más de las cinco y media, y su programa favorito todavía no ha empezado. Ansioso mira la pantalla. Se suceden propagandas. En ningún momento anuncian “El show de Nancy”. Se muere de desesperación.
“¿Lo habrán levantado por culpa de esa maldita bomba? ¿O empezará más tarde por esta vez?”
Antonio aprovecha una propaganda que conoce, y sabe que es larga, para correr hasta la heladera. Lo hace rengueando. No puede hacerlo de otra manera. Vuelve arrastrando una pierna por el piso de cemento, con una lata de cerveza fría en la mano. Se trata de un lugar pobre y oscuro. Hay una escalera que baja, al lado del calefón. Debajo de la escalera hay un depósito con cosas viejas. Al costado, un descanso vacío. Es un lugar sin ventanas, donde no corre aire. Tampoco hay muebles. Solo hay un sillón frente al televisor, y una heladera pequeña a unos pocos metros, junto a una mesa de bar donde almuerza y cena. En la pared de enfrente se encuentra la kitchenette.
Antonio vive solo. No tiene mujer, ni hijos. Tampoco trabaja. Trabajó muchos años en una fábrica de espejos.
El programa parece que por fin va a empezar. Antonio busca un video virgen entre los cientos que tiene grabados y almacenados en una pequeña alacena que guarda en el piso.
Introduce el video, y aprieta “play y rec” al mismo tiempo.
Se sienta en el sillón. Destapa su porrón de cerveza. Pone los pies sobre la mesita y se estira. De tanto en tanto, levanta la mano para tomar alguna que otra papa frita, o un pedazo de queso que acaba de cortar.
Se refriega las manos. Una con otra. El calor de la tarde hace que se le peguen, pero parece indiferente a ello. La expectativa de que comience el programa hace que se ponga inquieto. Se tira hacia atrás, después hacia delante, y otra vez más hacia atrás.
El sillón donde esta sentado es de un cuerpo. Está roído por el tiempo, pareciera tener más años que él ahí.
El reloj que esta encima del televisor de madera, muestra que son las cinco y cuarenta y siete. La aguja chiquita no para de moverse. La larga la secunda.
La cortina musical del programa de Nancy por fin comienza a girar. Es una música electrónica muy industrial. Gira de atrás hacia adelante. Se escuchan ruidos de máquinas y fierros por debajo. También sonidos espaciales. La música sigue repitiéndose de atrás hacia delante una y otra vez hasta confundirse el principio con el final.
Antonio parece recobrar la calma. Se estira hacia atrás con los ojos bien abiertos y se relaja. Una voz chillona de mujer, abre el programa. Nancy saluda eufóricamente a los telespectadores como si nada hubiese cambiado en el mundo después de aquella bomba, hace instantes no más, en el estadio de África.
Antonio sigue totalmente expectante de lo que va a pasar, se mece hacia delante y atrás en su sillón como entrando en trance. De a poco parece totalmente hipnotizado.
En la pantalla la mujer, de pelo rojo y pircing en las cejas, habla y se ríe todo el tiempo. Parece natural, fresca, como si no tuviera consciencia que la mira más de un millón de personas. Pareciera estar en el living de su casa, dirigiéndose a alguien en particular. La forma de mirar y de moverse la muestra satisfecha de la vida. Como si no le importase su pasado, y no le tuviese miedo al futuro. Así se vuelve a reír con electricidad del instante que acaba de pasar.
Antonio la mira a los ojos. Ella parece tener consciencia que él la mira, y mirarlo también. Antonio cae dentro suyo como si se conectara a un enchufe de 220. Sabe que cuando la mira así, ella comienza actuar de otra manera. Las distancias se achican y parecen no existir.
Antonio concentra su energía. Cree que ella la puede percibir sin importarle las mínimas distancias que quedan. A veces piensa que ella hace lo que él está pensando que ella haga en ese momento.
Después de unos instantes toma distancia. Le viene a la cabeza el incidente en África. La muerte de ocho mil niños. Antes de hacer un juicio de valor sobre lo sucedido y de preguntarse algo sobre su conductora favorita, Nancy se pone seria y habla refiriéndose al trágico accidente ocurrido hace unas pocas horas en Somalía. Se pregunta por la persona que gobierna el grupo terrorista y el objetivo del atroz acto. Parece pensar en voz alta. Vuelve a preguntarse por la intensión del acto y en qué grado estaban involucrados los chicos muertos.
Antonio la ve moverse con el micrófono prendido de su remera blanca en el estudio, que parece un sombrío jardín artificial, y se sonríe con satisfacción. Un mono cruza la pantalla. Dos canarios amarillos se balancean en un pequeño trapecio, en el costado superior de la imagen. La situación le parece fantástica. Siente satisfacción por escuchar de la boca de Nancy lo que él acaba de pensar. Tampoco él, puede encontrar una explicación lógica a lo sucedido, pero verla a Nancy lo tranquiliza. Su preocupación social aumenta en la medida en que la preocupación de Nancy también lo hace.
Después presenta una nota sobre el grupo francés Daft Punk, donde cuenta que Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo le cambiaron la cara a la música electrónica cuando en 1996 grabaron en un dormitorio el cd “Homework”. Nancy dice que en este reportaje, los chicos franceses hablan de sus obsesiones por los robots, los sampler y los virus. “El 9-9-9. El 9 de septiembre de 1999, a la medianoche, mientras hacíamos música escuchamos una explosión muy fuerte. Tuvimos que refugiarnos debajo de las mesas. Uno de los dos entró en pánico. Temblaba. Después de eso no recordamos nada más. Cuando nos despertamos al día siguiente, la gente que nos rodea nos empezó ayudar para reconstruir nuestras vida. Pero la verdad, es que hay muchas cosas que las olvidamos para siempre”.
Antonio se pierde en el relato, pero a decir verdad, tampoco le importa mucho. Se asegura que la luz de la video grabadora siga encendida.
“La cinta corre - piensa Antonio- y ella se dobla guardándose allí dentro para siempre. Ya habrá más tiempo para volver a verla y escuchar lo que dijo.”
Antonio no se quiere perder nada de lo que Nancy haga o diga. Le presta mucha atención a todo. Son los más mínuimos detalles los que le revelan aspectos de su personalidad que nadie ve, como por ejemplo cómo está vestida, como son las uñas de sus dedos, o de que color son las hebillitas del pelo. Admira todo su cuerpo, lo esbelto de su cintura, la suavidad de su piel, la cara perfectamente delineada como algo único e irrepetible. El peinado batido que hoy lleva, le parece divertido. Trata de imaginársela en su casa cuando termine de hacer el programa, en algún restaurante con amigos que la escuchan pero no la entienden como él la entiende a ella.
Un humo verde envuelve la situación. Se recuerda a sí mismo viendo ese programa hace más de siete años, cuando recién comenzaba el ciclo. Siente una leve lástima por sí mismo. Se ve solo y en la misma situación a lo largo del tiempo, sin haber hecho nada, más que contemplar a Nancy.
Cuando se compromete con su estado interior, y su pecho se le oprime, prefiere recordar su meta, antes que pensar en él y en su vida. Su único objetivo, recuerda, es mirar “El show de Nancy”. No perderse ningún capítulo. Saberlo todo sobre la vida de Nancy. Vivir enteramente para ese programa y saberlo todo de ella. Como si no hubiese otra cosa en el mundo que le despertar interés, más que Nancy y ese programa. Así uno y otro día espera que llegue la hora anunciada para que ella aparezca, y lo salude desde la pantalla.
Se levanta y toma del piso el control remoto con el que comanda la video. Presiona el botón de “pause”. Las propagandas se dan inicio. Respira hondo. Toma aire, como si se aliviara de que exista un espacio vacío en la televisión, para que él mismo pueda tomarse un descanso. Camina de un lado a otro en la habitación. Cuando se choca con una pared, vuelve para el lado contrario. Mira el reloj impaciente, esperando que pase rápido el tiempo, para que se reanude el programa.
Se escuchan aplausos y ovaciones. Antonio se pregunta por qué los aplausos, por qué las ovaciones, si ese mismo día murieron más de ocho mil chicos en un país de otro continente, pero del mismo mundo al fin. En el programa no vuelven hacer mención a esos hechos. La conductora de vez en cuando anuncia el pronóstico del tiempo, y con sus propios labios pintados de rojo carmín anuncia la hora.
La pantalla se llena de signos de pregunta que salen de la cabeza de Antonio (que está abierta como por un hachazo). Los signos invaden la pantalla, hasta tomarla por completo. Una vez que la pantalla está llena de signos de interrogación y no hay atisbo alguno de que Nancy se encuentre por debajo, los signos se van. Bajan despacio por debajo, hasta dejar la pantalla limpia otra vez. La satisfacción de Antonio es enorme. “Valió la pensa esperar todo el día para ese momento, donde la conexión es única, y los dos somos uno” piensa con una sonrisa en la cara.
La conductora está sentada con un invitado, en uno sillón de plástico inflable color bermellón, muy moderno. El decorado de fondo es de una ciudad futurista, donde pasan autos volando entre los edificios de cartón pintado que están a uno y otro lado, sin dejar de moverse, como si la tele fuese una página de Internet. Dos maniquíes vestidos con largos vestidos blancos, volados negros en las puntas, y lunares negros en los hombros, tapan una enorme pecera llena de cartas.
Antonio corre el televisor unos centímetro. Se acomoda en su sillón, otra vez con las piernas subidas a la pequeña mesita se deja devorar por la pantalla.
Ahora, que la ve desde otro lugar, la encuentra distinta. La ve mucho más joven. Le lleva un rato tratar de entender quién es Nancy. Mira su cara. Le resulta tan conocida, como si se tratara de alguien con quien compartió un largo viaje en tren de una ciudad a otra, y lo acompañó gran parte de su vida, o alguien de un tiempo lejano, como si hubiesen ido al mismo colegio, o vivido en el mismo barrio. Es una sensación extraña, llena de expectativas y confusión. Por fin, puede darle un nombre a esa cara que no termina de conocer ni entender, ni de averiguar quién es. Por ahora se calma pensando que Nancy es una nena disfrazada de mujer grande.
La mira. Ella se detiene de hacer una pregunta a “Bartolomé, el hombre que dice haber sido pájaro”, y que cuenta la historia de sus vidas pasadas. Dice que solo se alimenta con alpiste, y semillas de girasol, porque no se puede olvidar de lo que fue, y que por las noches sigue siendo, cuando entra al mundo de los sueños y vuela por el aire, el mismo pájaro de siempre. Agrega que, en esos momentos en que su cuerpo duerme y su espíritu viaja por el aire, solo es reconocible para otros pájaros, no para los humanos.
Justo cuando ella le estaba por preguntar si conocía otras gentes que le pasara lo mismo que a él, que tuviera consciencia de una doble vida, se detiene. Entonces, mira la cámara. Antonio se queda petrificado. Ese instante se petrifica, abriéndose hasta ser eterno. La cara de Nancy viaja hacia atrás en el tiempo, y ahora se transforma totalmente en una niña de cinco años.
Antonio la ve. Siente un escalofrío por todo el cuerpo. La reconoce en un moisés rosa, cerca de una ventana que daba a un sombrío jardín. La lluvia, afuera no deja de caer. Se escucha el ruido del viento soplando con fuerza. La bebé está sola. Nadie la acuna. Una puerta se cierra sola, por el viento que corre. Faltan terminar algunas paredes de la incipiente casa en construcción donde la ventana se intenta abrir por el viento. El viento la fuerza desde afuera.
Después, aparece una mujer gorda y con pocos dientes. Está en la oscuridad, preparando la mamadera frente a una cocina oxidada. Lleva los ojos tristes, y un vestido largo, con flores marrones, descolorido de tanto lavarlo. Está sola en la casa, que queda por las afueras de la ciudad. Donde la avenida se hace calle, y los empedrados se reproducen conduciendo al sucio río. Donde la gente tira botellas de gaseosas, pañales, cajas, cartones, cigarrillos y cuanta porquería se le cruce al agua.
La conductora de tv gira la cabeza y sigue con otra pregunta al invitado. Ahora es otro el interrogado. Un entrenador de fútbol que dice usar la violencia para que los jugadores se concentren. Cuando Nancy le pide un ejemplo, el entrenador Juan Carlos cuenta que ha llegado hasta amartillarle los dedos a un jugador, porque se tocaba en el vestuario. Las risas y aplausos abundan en el estudio.
El espectro de visión de Antonio es mucho más grande que el de la cámara que transmite. Las imágenes que Antonio ve, traspasan el televisor. Puede ver como el letrero electrónico se enciende y se apaga con letras rojas y amarillas indicando: “risas”, “aplausos” o “silencio”. Dos hileras de gente muy mayor se ríen a carcajadas, muchos de ellos con los ojos cerrados para concentrar más energía, y lograr la risa lo más natural posible. Lo que Antonio ve, es como se dan cuerda entre ellos, unos a otros, para reírse a carcajadas. Un hombre sin pelos saca una petaca del saco y le da un buen trago del pico. El whisky pasa por su garganta, parece calentarla, para que al cabo de unos segundos explote nuevamente de risa.
Nancy se vuelve a detener. Lo mira. Hay un instante de silencio abrupto. La música de fondo se detiene. Mirar a Antonio que permanece duro frente al televisor.
Antonio la mira a los ojos. La ve en una plaza donde todos los chicos juegan. Trepan de un lado a otro en los juegos. Nancy está sentada, quieta en un rincón. Con los pies descalzos tocando la arena. La punta de los dedos metidos para adentro, buscando tocarse por un túnel imaginario. De tanto en tanto, un pie se acerca más al otro, hasta que el intento se logra. Los mocos le llegan hasta la boca. Ningún chico se percata de su presencia, hasta que uno de ojos claros y pelo muy corto se le acerca. Le ofrece jugar con ella. Después le habla de cosas que a ella le resultan ininteligibles. Se aleja para volver a jugar con la cabeza en los pies, y que un dedo de un pie busque por debajo de la arena al otro, hasta por fin encontrarlo y ganar.
Las propagandas lo sacan de aquel estado de nostalgia, donde Antonio recuerda una novia que tuvo.
Lucía iba al mismo curso que él. En las clases de trabajo práctico, donde hacían manualidades con vidrio, Lucía lo miraba todo el tiempo de una manera insistente, hasta que un día le dio cita en el laboratorio químico, por medio de un papel que le entregó una compañera suya.
En la hora que tenían libre, ella llegó primero. Lo esperó escondida debajo de una larga mesa de mármol donde hacían experimentos químicos.
Estaba lista. Solo quería tener el sexo que le faltaba entre sus piernas. La yumper levantada y sin bombacha. Antonio, que por aquella época era aún más tímido que ahora, no sabía qué hacer. Los nervios le subían y bajaban por todo el cuerpo. Estaba petrificado como un árbol en el lugar. Quería irse, pero no podía despegar los pies del piso. Las piernas comenzaban a temblarle.
La chica lo tomó de la mano. Él, cerró los ojos y se entregó. Se dejó llevar. Enseguida sintió que todo el mundo vibraba por una explosión infinita que no terminaba de apagarse nunca. En ese momento recordó algo parecido a lo que sintió una noche, que había ido de campamento con su padre a una laguna, rodeada de lagos y montañas. En lo más imprevisto de la caminata por una sierra de tierra firme y con el olor de laguna en la nariz, y los pastizales a uno y otro lado del camino, los sorprendió una multitud de fuegos artificiales que incendiaban el cielo. Se trataba de “la noche de los pescadores”. La gente de los pueblos cercanos se habían acercado hasta la laguna para festejar el evento que se hacía una vez por año. Antonio y su papá se detuvieron justo en la loma del camino. Desde allí arriba vieron las luces encenderse y apagarse en el cielo. Después avanzaron unos pasos, y mientras descendían, las luces brotaban sin parar de distintos puntos del cielo, iluminando la vía láctea extendida. Dejando ver kilómetros de luz que de ordinario no se veían. Pasó un auto viejo y destartalado, sin luces. Todavía desde el camino en pendiente (descendente) se podía ver allí abajo a unos cientos de hombres alegres, frente a largas tablas de madera brindando y tomando sus copas de vino, comiendo distintas variedades de pescados. Buscando “la reina” de los pescadores.
La sensación de aquella tarde en el laboratorio era muy similar, casi exacta a la de aquella noche de campamento con su padre.
La pesadilla llegó cuatro meses más tarde, cuando Lucía se le presentó una tarde en la casa de sus padres. Tocó el timbre de manera insistente, como si se tratara de “algo urgente”, algo que no podía esperar. Lucía en la calle, le anunció a su mamá, que todavía estaba secándose las manos con el repasador que llevaba colgando de su cintura, que ella estaba embarazada de hijo. La madre de Antonio no entendía nada. Intentó en vano hacerla pasar a su casa y conversar tranquila con su hijo. Lucía no quiso. Dijo que cumplió con su deber, “de decir lo que le tenía que decir”, y salió corriendo. Cuando su mamá entró a la casa totalmente confundida, sin entender en lo más mínimo de qué se trataba ese asunto, y sin suponer ni por un minuto de que se trataba de una simple broma, Antonio se agarró la cabeza con las dos manos, y se le vino el mundo abajo en un segundo. La primera reacción de su madre fue de mudismo. Entendió que su hijo estaba en problemas.
El segundo pensamiento de Antonio fue el de querer agarrar a esa chica y matarla. Creía que si él no lo hacía con ella, sus padres lo harían con él.
Todavía no había terminado la escuela secundaria. No tenía trabajo. Ni siquiera estaba de novio con esa chica, con la que más o menos media división habían tenido relaciones sexuales.
Pensó en Lucía. La odió por haberse presentado esa tarde en la casa de sus padres sin haber hablado con él primero. ¿Qué buscaba? ¿Qué quería obtener de él? ¿Quería cagarle la vida para siempre? Antonio no quería a esa chica, sino que, exceptuando el odio que sentía en ese momento por ella, le pasaba inadvertida, más allá del buen recuerdo de la tarde en que lo desvirgó.
Fue así como Antonio huyó de su casa y de la ciudad sin avisarle a nadie. Dejó a sus amigos del colegio, a sus padres, y se instaló en la casa de campo de sus tíos, en la provincia de Chaco. Cuatro meses más tardes, cuando se decide a entablar comunicación por carta con sus amigos mas cercanos, dejando se ser un fantasma, Mateo le cuenta que no hay noticias de Lucia. Nadie sabe nada de ella. Para Antonio pasó a ser un misterio si Lucía abortó, si dio a luz en alguna otra ciudad huyendo del barrio, si todo se trataba de una mentira, o qué fue lo que pasó en verdad.
La estrella de tv, baila haciendo ella misma música electrónica desde un secuencer. Se mueve muy sexy en la pantalla. Por un momento parece haber alcanzado su punto máximo de expansión. Levanta una piernas, después la otra. Se mueve como una bengala. Parece excitada hasta la muerte. Antonio apuesta que Nancy está caliente. Verdaderamente caliente.
Ella se detiene en lo que está haciendo, como si se pusiera “pausa” desde un control remoto. Después sigue bailando frenéticamente hasta quedar congelada otra vez. Mira a cámara tan penetrantemente, que pareciera buscar “algo preciso”, hasta que se encuentra con la mirada de Antonio. Ahí es cuando Antonio la penetra hasta el fondo de sus ojos. Se queda infinitamente pensando “de quién se trata Nancy. Quién es en verdad Nancy Murat”. Se repite una y otra vez Antonio en la cabeza, haciendo enormes esfuerzos por recordar esa cara y esos ojos, es alguien a quién conoce y no sabe de dónde. Por un momento se nota perdido en un mar de misterio, hasta que por fin sale de ese estado al creer que Nancy es un travesti. Sí, no le cabe la menor duda. Nancy Murat es un travesti. Si uno le ve detenidamente lo puede comprobar indudablemente. Tiene rasgos de hombre. Nariz de hombre, boca de hombre. Manos de hombre. Altura de hombre. Dedos gordos y anchos (de hombre). Su rubio platinado de esta semana lo confirma. A Antonio no le cabe duda de que Nancy Murat es un travestón. Piensa que lleva años ocultando su secreto, y nadie, nadie, nadie lo sabe. Y que él es un privilegiado en saberlo. No la juzga. La comprende. Nancy no es un travesti, una persona más, al fin y al cabo de carne y hueso igual a todos.
Por otro lado, cree que Nancy es única y no como todos los travestis que se dedican a la prostitución, sino que es una persona conflictuada, que pasa todo el día pensando en cosas para su programa de televisión, porque sabe que todo lo hace para él, para la única persona que lo entiende hasta el fondo último de las cosas, él, y que no lo juzga ni le guarda reproche por nada. Así es como Nancy dedica toda su vida por completo a ese programa de televisión, como él dedica su vida a mirar esa producción de locos. Especula que ni siquiera novio tiene, porque “todo es trabajo para Nancy”, como ocultar “ese gran secreto”. Ahora Nancy es una y es otra. Tiene una vida totalmente oculta, que solo Antonio sabe que tiene. Antonio sabe su secreto y sabe que nadie mas en el mundo lo sabe. Solo él. No duda de ello. Tiene absoluta certeza de eso. Esa mujer “fatal” que está en televisión, esconde un pene entre sus piernas. Engaña a todo el mundo, menos a él.
Él piensa en Guillermo. Guillermo era un chico que vivía enfrente de la placita “Las Malvinas Argentinas”. Recuerda que lo dejaban salir y cruzarse a jugar solo una vez terminados los deberes del colegio. El padre nunca estaba, se la pasaba trabajando. Guillermo era fuerte e inteligente. Le gustaba hacer juegos de palabras con las frases de los demás. Además era un fuerte acróbata. Se colgaba del caño de los arcos para arriba y para abajo, como si fuese un mono. Decía que iba a estudiar Derecho. Y todos sabíamos que aunque no se tratara de una familia muy adinerada, sus padres harían lo posible para que Guillermo pudiera llevar adelante sus estudios.
“Nancy podría ser Guillermo travestido” pensaba Antonio en la intimidad de su casa. Una vez se juraron un pacto mortal, que si uno se separaba del otro, el otro haría cualquier cosa, hasta lo más ridículo e imprevisible para despertar la atención del otro. Y nadie nunca había pescado a Guillermo en algo que no cumpliese. Era un chico de palabra.
Dibujó en un papel la cara de Guillermo. Cerró los ojos y dejó que sus dedos solos se movieran. No lo recordaba con exactitud, “pero algunos rasgos debería tener en común con Nancy, sino no lo hubiese identificado”, pensó sorprendido Antonio al abrir los ojos y encontrarse con que había dibujado a Nancy en plenitud, con pelo corto, anteojos y algunos años más joven.
Recordó cuando una tarde de frío fueron a jugar al futbol cerca de la autopista, y un gato corría tras la pelota sin dejarlos concentrar. Frente al dictamen de Antonio de que alguien hiciese algo, Guillermo corrió al gato, se le arrojó encima, y tomándolo por la cola lo alzó en el aire. Lo revoleó como unas boleadoras (de esas que veían en los interminables programas de los sábados que duraban de la mañana a la noche) y lo tiró por la autopista. Los autos no trataron de esquivarlo. Fue todo en la suma de cinco o siete segundos como mucho. Se alcanzó a oír el chillido del gato como si se tratase de aceite hirviendo. Después el ruido de algunos autos que frenaban de golpe y la explosión de otros al golearse unos con otros y aniquilarse algunos vidrios. La tarde seguía abierta, y la pelota volaba en el aire más libre que nunca, como si no importase lo que viniese después o lo que había pasado antes. Alguien se colgó de la rama de un árbol. La rama cedió y el jacarandá la dejó caer. El chico se levantó entre pinches y flores violetas. Guillermo se revolcaba por el piso de la risa, hasta que se le acercó por si necesitaba ayuda.
CIBOULETTE
Nancy sale caminando de su casa de Belgrano. Guarda las llaves en su cartera de alambre comprada en Miami, y camina. Camina cada vez más rápido. Sale del laberinto de pasajes por donde vive, y dobla a la vuelta. Se encuentra con una avenida angosta. Camina tan ligero, que parece un rayo, un “Speed”.
A medida que avanza y viaja a través de la luz, su cara, su ropa, su peinado, el color de sus uñas se van transformando, dejando a la chica común que sale de su casa para ir creando a “la estrella de televisión” que todo el mundo conoce y saluda.
Entra al canal de tv con sus anteojos negros y una capelina negra. La puerta por donde ingresa es solo para técnicos y administradores de sistemas. Va directo a la sala de maquillajes donde la terminan de retocar para salir “al aire”.
En ese largo-corto camino, Nancy olvidó quien era. Ahora es otra persona. De hecho lleva otro nombre al que le asignaron, distinto al que le figura en el documento y bajo el cual se reconoce. Ahora, definitivamente es otra. Lleva un nombre artístico que ella misma se inventó.
Cuando las luces se encienden, el reloj metódicamente anuncia la hora “justa”, Nancy no tiene ni la más remota idea de quién fue, dónde estuvo, qué hizo, para ser otra totalmente distinta a la que es. Ahora Nancy es la que siempre quiso ser, la que jugó ser desde que era niña. Para ella, todo esto de la tele es un juego. Juega “a ser” la que quiere ser.
Desde que trabaja en televisión y tiene éxito, descubrió un mundo nuevo en lo culinario, que la llevó a tener su propio segmento de cocina mediterránea en su programa. Donde cocina pastas con brocoli desde un barco en la costa española, sin dejar de bailar en ningún momento, enrollándose y desenrrollandose para un lado y para el otro. Apuntando finas hierbas aromáticas para el pollo, o rociando la carne con gotas selectas de aceite de oliva irlandés.
En el arte del vestuario viste los mejores trajes diseñados por Karl Lagerfeld, un joven diseñador de Chanel que factura a más de cinco mil dólares el modelo exclusivo, o pantalones de la española Sybilla, que no bajan de los diez mil. No deja pasar mucho tiempo para llamar a Marla Maples, la canadiense radicada en Nueva York, que le realiza modelos exclusivos de body, falda campanita y patines muy kischt, con cachets de siete mil dólares en adelante.
Con respecto a la música, gusta de “Orb”, su cd favorito es “Cydonía”. Le encanta todo lo que tenga que ver con el “ambient- house” que esté exquisitamente ensamblado, donde reinen sonidos naturales de agua y pájaros con ritmos trance, para poder meditar y levitar en sus ratos de ocio. También se fascina con Herbert. En especial con el cd donde los tracks están construidos con bases funciones del cuerpo humano, como circulaciones sanguíneas, procesos digestivos, o un bebé moviéndose en el vientre de su madre. Combina el vuelo de un pájaro con una batería torturantemente trance, disminuida hasta imperceptibles sonidos de jazz. Lo artesanal con lo industrial es de su preferencia. Faithless. “You’ve Come a Long Way, Baby” de los Fatboy Slim son otros de sus cds preferidos a la hora de calzarse el diskman y salir por la ciudad. Suele caminar hasta perderse en los barrios bajos cuando termina su programa de televisión. Mientras sale vestida “de chica común”, termina de retocar su “performance” en la calle. Muchas veces guarda los zapatos que le dan el estudio en una bolsa, para ponerse unas zapatillas blancas de tenis, que lleva en su fina cartera de piel de lombrices. Así, y con su vestido simple, Nancy se pierde en la ciudad sin que nadie la conozca ni reconozca.
Nancy no tiene marido, ni novio. Aparentemente nunca los tuvo y está sola, consagrada exclusivamente a su trabajo, a su divertido juego de “ser otra” todo el tiempo.
A medida que más camina, más atrás va dejando lo que acaba de acontecer. Se olvida de los personajes que inundaron el living de su programa. De las notas “curiosas” en países lejanos, como la de los eunucos en Tailandia, o la de los iraníes kamikazes que salen volando como moscas de un edificio con el fin último de estrellarse contra el piso y matarse, sin intenciones terrorista y sin portar bombas, con la sola intención de ejercitarse y dar el ejemplo a los que los suceden, ahora sí con una misión específica. O en Francia, la gente que sale de vacaciones dejando a sus familiares ancianos en geriátricos, y a pesar de haber sido informados del fallecimiento de doce mil ancianos derretidos como plastilina por una fuerte ola de calor, se asombra al transmitir que “sus familiares más cercanos siguieron de vacaciones sin pasar a buscarlos, debido al fuerte hedor producido en los hospitales, tuvieron que llamar a Emergencias para ser evacuados”.
Nancy olvida todo lo que aconteció en esa hora de programa, condensando fracciones del mundo entero y personajes locales, para remontarse en lo más lejano de su memoria. Recuerda a pasos veloces y agigantados, una escena cuando era ñiña.
Su madre la acostaba en su pequeña cama por las noches. Nancy, le preguntaba cuándo iba a ver a su papá. La madre le respondía que después, que estaba trabajando mucho, y vendría más tarde, muy avanzada en la noche. Y que ella debía dormir, porque al día siguiente tendría que ir al jardín de infantes, y necesitaba estar despierta y lúcida. A Nancy le costaba terriblemente conciliar el sueño en esos días de espera, hasta que por fin, la infinita oscuridad del cuarto la dormía.
A la mañana siguiente, ni bien abría los ojos, se despertaba sobresaltada, preguntando por la presencia del padre. La madre volvía a calmarla, diciéndole que ya había salido muy temprano para el trabajo, que era mucho lo que su padre tenía que trabajar para que ella estuviese bien allí. Y que si ella quería mucho a su papá, tendría que ir contenta al jardín.
Entonces Nancy se vestía despacio, con la ropa que su mamá le dejaba en la cama.
Tanto caminar, y caminar, y Nancy ya se encuentra en “La Boca”. Mira para un costado. La noche está instalada de lleno, sorprendiéndola sin que se de cuenta. Se choca con casas de madera, con furiosas franjas de colores, pintada con pintura que sobraba de los barcos hace más de cincuenta años, que atraviesan una hilera de casas. Ve un señora gorda y anciana en la puerta de una casa rosa, con techo de chapa y puerta
azul. Está sentada sobre una banqueta destartalada. Pareciera llevar días allí sentada, observándolo y sabiéndolo todo. Piensa que esa señora podría ser su abuela. Se detiene. Mira lo noche negra. Huele el olor a podrido que llega del río. Unos chicos corren tras una pelota. Las veredas son excesivamente altas. Girando a la vuelta se ven las vías de un tren muerto. Un perro pasa aullando, atraviesa esa larga calle oscura y desemboca directamente en el río iluminado. Hay dos o tres barcos muertos amarrados a un costado. Una seguidilla de modernos bancos de madera bajo las luces se suceden. Dos parejas caminan abrazadas. Un cartonero pasa con un palo y cientos de diarios bajo el brazo, arrastrando a su carro como si se tratara de un autito de juguete con un carretel de hilo. Tiene la cara barbuda y negra por la suciedad de meses o años sin lavarse. Usa saco. Un policía camina con pasos cortos a mitad de la cuadra, desde donde puede vigilar a un travesti que está parado en la esquina. Lleva un vestido de fiesta “de quince” ultrajado ferozmente por debajo se su pubis, por lo cual se deja ver claramente los cachetes de su culo si está de espaldas, o su diminuta biquini si está de frente. Las tetas le cuelgan como dos bolas de bowling. El pelo es salvajemente duro y platinado. No deja de mover la cabellera para un lado y para el otro, mientras se lo acaricia y desenreda frenéticamente con sus dedos de morcilla.
Nancy entra a un bar que está en la esquina. Pide un escocés doble, sin hielo. Hace menos de cinco horas estaba en la casa de casi todo el mundo, en la televisión de ellos. Ahora, está sentada en un bar, sola, sin nadie con quién hablar, y sin nadie que la reconozca, o alguien que le resultase familiar. Nadie sabe quién es. Ella tampoco sabe quién es ella. Se desconoce a sí misma por un momento, y se pierde en su memoria. Nancy “la chica de la tele” desaparece por completo.
Después, la trae a tierra una chica que se sienta enfrente de ella, con su novio. Piensa en los encantos de la ropa que lleva puesta. Cree que la joven es europea. La mira, la observa sin disimulo. La chica extranjera habla con las manos, mueve la mirada de tanto en tanto, como si se tratara de una actriz en escena y sigue expresándose con todo el cuerpo frente al robusto empresario de traje y corbata que seguramente debe de ser su esposo o algún amante de mucho tiempo. Después; Nancy se detiene a observarle el maquillaje, y los accesorios, piensa en cuánto puede hacer camuflar a un persona esas cosas, hasta convertirla en una persona totalmente distinta a la que era.
Deja el vaso en la mesa. Mira las huellas de sus labios sin pintar en el cristal y piensa si las huellas de los labios sirven como huellas digitales, como los dedos de las manos. Pero no encuentra una respuesta. Son tantas las cosas que no sabe, que cuando piensa en eso, le invade la tristeza. Mira por la ventana. De a poco va recuperando consistencia, y se va acordando quién es.
Recordó como llegó a ser actriz.
Cuando tenía doce años, su madre la llevó a un concurso de belleza, cansada de que todo el mundo le dijese que tenía la hija más linda que se vio en cientos de años en esa tierra.
Por aquella época, a Nancy le acababan de poner aparatos, por lo que no atizaba una sonrisa ni con el Pato Lucas encima de su cabeza.
Un joven fotógrafo, que había venido de Londres, y acababa de fotografías a músicos para tapas de discos y revistas pop, trabaja eventualmente para el concurso “Jóvenes bellezas”.
Ni bien ve a Nancy, se maravilla con sus ojos tristes. Dice que hablaban, y cuentan su historia sin reparo alguno. Cuando su jefe no lo ve, se acerca a la madre de la chica, y le pide los datos personales. Nancy no gana el concurso. Inmediatamente después del fallo del jurado, el fotógrafo Kevin Simpson llama a la madre de Nancy a un teléfono del vecino.
Había otra audición en marcha. Esta vez con Kevin como curador. Aquellas exposiciones le habían resultado totalmente traumáticas a Nancy. No sabía por que la plantaban en una tarima para que caminase derecha y todos la observasen. Entendía lo que le decían, pero no lo comprendía. Se sentía un animalito extraño, al que todos quieren inspeccionar. Nunca se sintió más rara que en aquellos momentos que la exponían por la fuerza. Ella se sentía con un infinito dolor. Estaba preocupada las veinticuatro horas al día por “el misterio de su padre”, del que nadie hablaba.
Todos tenían que verla de todos modos, a pesar de su negativa, a pesar de no tener ganas de ver a nadie.
Los pechos recién le empezaban a salir. Eran incipientes, y Nancy comenzaba a experimentar lo que era la vergüenza. Caminaba inclinada para que nadie se los viese. Pero cuanta más vergüenza demostraba tener, mas interesante era, y los flashes aumentaban de forma desmesurada.
Iba de un comercial en comercial. La forzaban a reírse al comer galletitas de leche y miel “para crecer fuerte y sana, y convertirse en una chica especial”. Al terminar de comerla, los muñecos con los que había estado jugando se transformaban en hijos, y ella estaba al mando de una elegante “familia tipo”, sirviendo el desayuno con leche y las “galletitas de leche y miel” disfrazada como si se tratara de una mujer de treinta años.
Después las naranjas soplaban por acá y por allá, y traían una paleta de témperas de colores con brillitos espasmódicos “para pegarlos donde vos quieras”. Y así los colores salían mágicamente desde su aparente origen. El amarillo de un sol que chorreaba tinta, el verde de la frondosa copa de un árbol, el rojo de un auto que pasaba. Y Nancy en el medio de los colores con el pincel.
Unos meses después su rostro en los afiches cubría el quiosco donde iba a comprar figuritas de Barby. Encontrándose con su cara por todos lados, como si se tratara de un laberinto de espejos. Promocionaba un yogur bebible con sabor a frutilla, banana, durazno, vainilla y frutos del bosque. A pesar de todo, y aunque resulte casi increíble, Nancy se seguía sintiendo “rara”, “fea”. Sabía que las fotos de los afiches fueron solo un momento de su vida, y que muchas de aquellas fotos habían sido retocadas con pinturas, luces y efectos de maquillaje. Y si bien, resultaba atractiva para la mayor parte del público, no le parecía lo mismo a ella.
Tiempo más tarde, y con a penas doce años recién cumplidos, llegó a protagonizar un corto, donde lloraba de verdad. Los directores y actores estaban fascinados con la joven que demostraba una posesión total por el personaje dramático. Lo que ellos no sabían era el motivo interno por el cual no dejaba de soltar lágrimas. Se debía al hecho de que no quería rodarlo, y tenía que hacerlo de todos modos, ya que su madre la obligaba hacerlo. Le parecía espantoso tener que mostrarse ante tanta gente que la miraran contra su voluntad. Pasar de un estado de euforia a uno de absoluta tristeza, de un momento a otro, solo para fingir una realidad que no entendía, pero que vendía. Cuando su realidad no era oída por nadie. Así obtuvo el premio Ora, como mejor protagonista infantil femenino de 1994. El comercial de televisión, de pinceles, comenzó a exhibirse en cines, y al año siguiente se vendió al extranjero. Los críticos más destacados coincidían en que era brillante ver a una niña de esa edad con la muerte en los ojos detrás de tanta belleza sugerente y muda. Era más admirada por la gente grande, que por los propios chicos a los que apuntaban las publicidades.
Los compañeros de la primaria se le acercaban y le preguntaban cosas. Estaban llenos de intriga acerca de cómo era el mundo de la televisión. Ella seguía sin hablar, pero no lo hacía por engreída, o por creer que estaba en algo superior, sino porque no le salían las palabras. Quería vivir en el mismo mundo que sus compañeros, y que no la marcaran como “distinta”, aunque era cierto que tenía acceso a lugares que la mayoría de las chicas y chicos de su edad no habían estado nunca. Esos sitios donde todos querían estar, a ella le parecían simplemente detestables. Lejos de su realidad, lo vivía como estar en una ciudad a la que no pertenecía y todos hablaban un idioma que ella desconocía.
El silencio comenzó a instalarse en Nancy, hasta el extremo de perderse y no poder decir qué era lo que le molestaba, y qué lo que la hacía sentir bien. Ese halo de misterio y confusión era lo que causaba intriga y seducción a todo el mundo. Mientras más silencio había en su boca, más flashes fotografiaban sus labios, y más chicos y chicas se le acercaban para querer conocerla. Así Nancy se fue convirtiendo en un verdadero misterio hasta para ella misma, que a medida que más pasaba el tiempo, más se desconocía.
SOY PERFECTO
El reloj que esta encima del televisor de madera marca las cinco en punto.
Antonio corre rengeando hasta la heladera. Arrastra una pierna, después la otra. Nunca las dos al mismo tiempo.
Destapa un porrón de cerveza. Pone los pies sobre la mesa pequeña, y se estira plácidamente con un bostezo entrecortado. De tanto en tanto levanta una mano para tomar alguna que otra papa frita, o un pedazo de queso recién cortado. Se refriega las manos. Una contra la otra. El calor de la tarde hace que se le peguen, aunque parezca indiferente a ello.
La cortina musical del programa de todos los días comienza a girar. Algo empieza. Una voz chillona de mujer, muy eufórica empieza hablar.
Antonio se adelanta en el sillón, después vuelve a su lugar. Parece totalmente expectante por lo que va a pasar esta vez, como si se tratara de un día distinto, con cosas nuevas, y nada nuevo, nada distinto, siempre lo mismo.
No deja de mecerse hacia delante y atrás, como si entrara “en trance”.
Así pasa casi la hora entera del programa. Solo en los intervalos, se para y va en busca de otro porrón de cerveza, después va al baño hacer pis.
Al terminar “El show de Nancy”, Antonio se levanta. Llena un montón de cupones que pone dentro de distintos sobres. Acumula las cartas en una enorme pila al lado del sifón que está sobre la mesa.
Sale de la casa oscura, y camina por una calle de adoquines. Cruza una avenida. Las calles se pierden en lomas que suben y bajan. La tranquilidad de un día que termina se huele por todos lados. Después de tanto caminar, se topa con una galería. El primer local que da a la calle es un vídeo club. El de al lado, una panadería vacía. Solo una empleada y una encargada con sus delantales están en el fondo del salón, esperando cerrar.
Finalmente aparece el Correo Argentino. Casi tampoco hay gente. Antonio entra y saca una bolsa de supermercado que lleva finamente enrollada bajo el brazo. De ahí caen una veintena de cartas. Se las da a la señorita que está detrás del mostrador amarillo. Ella las toma sin mayor importancia. Mira que todas tienen el mismo destinatario, el mismo remitente, y el mismo espesor, lo mira. Antonio también la mira. La chica baja la vista y pasa cada carta por una máquina que le imprime un sello. Antonio paga y se va.
Antonio vuelve a su casa. El aire está verde antes de entrar. Ni bien cierra la puerta, baja las escaleras y aparece en su casa. Se mete en la cama. Hace calor y se tapa con una sabana que lo cubre a medias. Mira el techo gris. Cierra los ojos. Llama al sueño. No tiene otra cosa que hacer que esperar un nuevo día. Se le aparece un plato de fideos con salsa y queso encima. Puede olerlos, visualizar el humo, oler los spagettis.
De a poco el sueño lo vence y entra a otro mundo. Pero el otro mundo al que entra termina siendo casi idéntico a ese donde vive. Las diferencia de ambos se juntan, y Antonio aparece sentado frente al televisor, esperando que sean las cinco de la tarde para que comience su programa teletransportador.
Después sueña con números. Entre los números hay un frasco de tinta. De la tinta sale una mancha negra que por momentos parece azul. Esa mancha es Nancy, que al pasar va dejando un hilo serpentino de tinta. Antonio está al lado de ella. El también es una mancha de tinta, pero va creciendo a tiempos desorbitados. Se transforma en hombre y en héroe. Es un químico muy importante a quien todos los hombres del mundo le preguntan cosas, porque él tiene la información “de todo”, y “lo maneja todo”. En un tubo de ensayo que hierve a ochenta grados está “lo que va a pasar de acá a unos segundos y en un milenio de años”. Está todo el tiempo del mundo, el pasado y el futuro. El frasco se cae, y Antonio se despierta sobresaltado.
Al despertar no tiene nada, mas que la esperanza de salir sorteado en el programa de Nancy. Participar y ganar. Y de esa forma conocerla. Tener acceso “directo” a ella. “Aunque de todas formas hablamos, y nos conocemos”, se conforma pensando. Pero se debe la oportunidad de un dialogo “real”, donde ella lo reconozca y le diga “quién es”. De esa forma, él también va a cobrar integridad y va a saber quién es él.
Antonio ya despierto, piensa en un número. Lo imagina de forma tan fuerte en su imaginación, que su memoria se activa. Las puertas otra vez se abren. El camino de los sueños lo lleva como una cinta de aeropuerto. Se vuelve a dormir. Los números se abren. Lo llaman. Se confunden. Cuando estira la mano para tomar el cinco, el cinco ya no es más cinco, sino setenta y cinco, y ahora cincuenta y nueve. No sabe que número agarrar. Hace infinita fuerza mental para encontrar el número que Nancy va agarrar en el sorteo. Practica la telepatía. Está seguro que ella va a escuchar su pensamiento, y al levantar el sobre entre cientos de miles de cartas que le mandó todo el mundo, va aparecer el suyo.
“Encontrar el número oculto. Encontrar el número oculto. El número de la suerte”. Como un pez, llama al azar.
Se pone tenso al recordar que es “ese número” en el sorteo, el único que le puede cambiar el rumbo a su vida. “Ese número azaroso”, es la marca de su destino que lo está esperando.
Se despierta sudoroso, con la imagen de una tele también sudorosa, y un número en su cabeza que no puede recordar cuál es.
VIDAS IGUALES
Antonio se acomoda como siempre. Con su ritual de caminar rengenado hasta la heladera (no tiene otra forma de hacerlo), toma una lata de cerveza, y se sienta en el sillón. Estira el brazo y baja un plato (blanco con flores azules en los costados) de la alacena. Lo llena de papas fritas vaciando un paquete plateado que cruje al moverlo. Una vez que la montañas de papas rebalsa en el plato, y la bolsa queda vacía, siente satisfacción de ver lo que hizo. Tira el paquete vacío a un cesto de basura corroído por la humedad. La chapa está oxidada. Toma un pedazo de queso, que compró en el supermercado de los chinos esa mañana, y lo corta en cubos. Lo lleva a la mesita pequeña y se sienta.
Se concentra frente a la pantalla del televisor. Enseguida aparece Nancy. Son las cinco en punto. No hay nada en la mente de Antonio más que Nancy y su programa, que aparece en la mente de Antonio como por un túnel.
Nancy conduce el programa de hoy desde un rascacielos, en la ciudad de Madrid. De a poco se ve como las luces de los edificios se encienden. La gente sigue corriendo delante de un toro suelto y enfurecido que los persigue a todos. Hay tropezones, caídas, apretujones. Gente que dispara a gran velocidad. Otros, permanecen colgadas desde alguna ventana, o subidas a palos de la luz.
Después, un conductor pelado, con un pañuelo rojo al cuello pasa por distintas fábricas. Camina y habla muy afectado, marcando cada palabra como si las mordiera; o como si no alcanzara con el significado que ellas llevan, y tuviera que explicarlo todo con gesticulaciones y reiteraciones.
Abajo, en el pie de la pantalla, la gente del panel de control del canal, se dan cuenta de esto y colocan un slogan que dice “la gente no es tonta, entiende lo que escucha...” aunque el conductor en ese momento no lea el epitafio. Está en Buenos Aires, cerca de la Avenida Juan B Justo. Un lugar minado de fábricas, en el horario del almuerzo, cuando los trabajadores salen a devorar sus sandwiches un rato al sol. El pelado camina moviendo el culo de una manera provocadora y lujuriosa, pero también irónica y sobreactuada, que despierta la risa de muchos de ellos. Un jefe de manufacción lo deja entrar. El pelado muestra en vano el carnet de acreditación cuando ya están adentro. La luz es escasa. Alguien tiene que encender los reflectores. Se trata de una fábrica de vidrios.
El encargado del salón cuenta que el vidrio tiene una memoria milenaria. Que surgió hace más de siete mil años.
- ¿Cómo trabajan ustedes el vidrio?
- Lo hacemos con esmaltes cerámicos. Nosotros hacemos vidrio “nuevos” a partir de las materias primas que lo componen. Para ello se requiere de gran destreza y dominio técnico. Por ejemplo, para alcanzar mas de 1500ºC que necesita la sílice (o sea el cuarzo) y poder alcanzar el estado líquido. Se realizan trabajos de modelado, utilizando vidrios ya hechos
- ¡Ah! ¡Pero que interesante!
- Producidas a temperaturas próximas a los 800ºC y con menos dificultad
- Pero cómo me gustaría ser vidrio...
- También se trabaja el vidrio como porcelana. Dominamos el juego de transformaciones físicas y químicas, que ocurren cuando se modifica el vidrio plano (o sea el flaat) como los cientos de pedacitos necesarios para una escultura en pâte de verre
- ¡ah! Sí, haceme pâte, con esos ojitos de aceituna, bombonazo
- pero... señor, o seguimos con la nota, o le voy a tener que pedir que se retire
- retiráme, papito, no ves que vinimos a otra cosa... por qué no te bajas los pantalones y nos mostrás lo que tenés entre las piernas...
- ni debería haberte hecho entrar... por favor lleven a esta basura afuera...
La música electrónica aumenta como si fuese el pico final del programa. Dos hombres de seguridad se llevan al conductor pelado y al camarógrafo que no deja de filmar ni por un instante. A lo lejos, entre los sonidos espaciales que se repiten una y otra vez hasta el hartazgo, se escucha un “mamarracho” “andá a levantarte a tu madre” y otros insultos inaudibles.
Viene el corte publicitario. Antonio recuerda cuando trabajaba en una fábrica de vidrios y espejos.
Le encantaba hacer su trabajo. Solía despertarse cinco o diez minutos antes de que sonara el despertador.
Antes de descubrir ese programa de televisión, y a Nancy, lo único que hacía en su vida, era trabajar.
Pasó la mayor parte de su vida en esa fábrica de vidrios y espejos. La misma que ahora ve en la televisión. Le gustaba tanto su trabajo que un día, casi sin darse cuenta, empezó él mismo a transformarse en espejo. Reproducía exactamente los mismos gestos de la persona que entraba y tenía enfrente. La imitaba a la perfección. Desde la voz, los gestos, hasta la forma de moverse y caminar. Incluso solía concentrarse tanto hasta lograr pensar de la misma manera que lo haría ella.
Así, las personas que entraban a esa fábrica, por la oficina de recepción donde Antonio lo acompañaba en un breve paseo por la fábrica, sentían una extraña sensación de viaje inesperado.
Terminaban totalmente confundidos. No sabían quienes eran. Solían pensar que el vendedor era parte de ellos mismos.
Entrar a esa fábrica era meterse en un lugar extrañísimo. Los espejos que compraban los hacían volver una y otra vez al mismo lugar. Ya sea por un espejo con los marcos rasgados o rotos, o por los vidrios esmerilados que se aflojaban en el trayecto de un lugar a otro, o por los finísimos cristales mal guardados que se rompían antes de llegar a destino. Si los vidrios transparentes o los espejos convexos no sufrían ningún tipo de accidente o falla en su origen, salía de ahí con la esperanza de volver a entrar cuanto antes, en busca de un nuevo vitraux para el baño, o un espejo simple para el living comedor. Siempre se pensaba la posibilidad de cambiar algún vidrio viejo por uno nuevo, y en definitiva de volver a la fábrica de espejos.
No solamente eran vidrios y espejos lo que se vendían en ese túnel, sino también un estado de ánimo que se alcanzaba a pocos minutos de ingresar ahí dentro. Las preocupaciones y las palabras quedaban afuera del lugar. Era un oasis en el medio de la ciudad, como si se tratara de una casa espiritista o budista.
Antonio sentía profunda pasión y compasión por cada persona que entraba ahí. Pensaba que eran personas que sufrían, y eso lo compadecía. Era la única vía por la cual él podía establecer contacto con una persona. Pero cuando alguien ignoraba lo que representaba un vidrio o un espejo en el mundo, y lo que representaba éste para su casa, sin pensar en el tiempo que llevo elaborarlo y destinarlo a esa persona sin que ella se diera cuenta de eso, estallaba en una tristeza aniquilante. Difícil de recuperar. La cual, la mayoría de las veces desembocaba en una furia constante que terminaba en explosiones contra la gente misma.
Antonio no podía entender que mucha gente acudía a ese lugar por simple snobismo, porque estaba de moda. O porque les quedaba cómodo, por una simple cuestión de practicidad, ya que necesitaban comprar un vidrio, sin darle demasiada importancia al asunto, y se dirigían ahí sin ninguna expectativa, ni posibilidad de “meterse en el lugar”.
No concebía que haya gente que no le diera mismo significado que él a los vidrios, o espejos. Fue así como Antonio empezó a tratar mal a los clientes, a echarlos a los gritos hasta llegar el caso de llevarlos hasta la rastra a la calle por no justificar por qué motivo querían un espejo en su casa.
Cuando perdió el trabajo, el mundo de Antonio se rompió en mil pedazos, como un gran espejo que se aniquila en partes indescifrables. Así perdió todo contacto con la realidad que lo circundaba. Se quedó sin unidades de estudio, ya que la gente representaba eso para él: meros objetos, como animales extraños que un investigador observa infinitamente, hasta terminar conociéndolos más que a ellos mismos.
De ahí en más, el programa de Nancy pasó a ser el centro de su vida. Lo encontró todo en ella. Ella era su golpe de suerte marcada por el destino, que lo iba a rescatar de su mundo pobre y austero, encontrando su carta entre un millón para llevarlo al mundo de ella.
Era la única persona que lo conocía, como él a ella. Todos los días frente al televisor se producían encuentros telepáticos, pero ahora Antonio estaba buscando “el encuentro perfecto”.
No le importaba tanto ganar el premio del juego, como conocerla personalmente, y jugar otro juego. Quería convencerse de que todas las conexiones que tuvieron eran reales. Ella, era un extraterrestre para todo el mundo, menos para él, que era el único que la podía descifrar.
Por eso era preferible quedarse en casa y pensar en ella todo el día, para que las cosas salieran bien.
Antonio cree que si se encuentra con Nancy, se encuentra con él mismo. Porque cree absolutamente que ella y el son una misma persona. Aunque no lo pueda explicar racionalmente, esta seguro de ello. Cada vez que la ve en la tele y piensa en ella escucha sus pensamientos como si fuesen propios.
Cuando Antonio sale de sus pensamientos, alcanza a escuchar un flash informativo:
“... esta noche habrá una lluvia de meteoritos. La misma se podrá divisar perfectamente en la madrugada de mañana, desde el sur del país. El polvo de estrellas se podrá juntar como aluminio rayado...”
VOGUE ESTRELLADO
Antonio se encuentra de vuelta en su sillón, sentado frente al televisor. Esta vez no presta atención a lo que pasa en el programa, sino a un pensamiento lo atormenta.
Piensa que, “cuando no se ven y se olvida de ella, ella muere por un instante”. Y que, como anoche no pensó todo el tiempo en ella, ya está muerta.
Un rato más tarde, mientras Nancy baila frenéticamente frente al televisor, la ve muerta. Tiene un vestido con hongos rojos y el pelo negro, más corto que antes con un mechón azul.
Ahora Antonio se reconforta creyendo que Nancy tiene tantas vidas, como él pensamientos para ella. Y se ríe. Ella lo mira desde la pantalla, y se ríe sin dejar de moverse, enchufada a los sonidos industriales de la música electrónica del dj de Nortec Collective.
Después, Nancy viaja de Barcelona a Buenos Aires, y la nota se basa en los traspiés que hay entre subir el avión, instalarse en el mismo y bajar de la nave. Habla de las náuseas y del movimiento. De la quietud y el tiempo. Del viaje en general. De viajar solo y las diferencias que hay al hacerlo acompañado.
Nancy deambula disfrazada de azafata, paseándose completamente desnuda, arrastrando un carrito con bebidas alcohólicas y gaseosas.
Cuando habla con los comandantes de abordo, el avión pasa por un túnel de agujeros vacíos y Nancy se trastabilla. Parece caerse. Se ríe.
A pesar de todo, nunca se la ve preocupada ni malhumorada por nada. Es como si lo peor ya pasó, y ya no quedaran cosas peor que puedan sucederle. Ahora la vida le importa tanto, como nada.
Antonio ve como la pantalla se llena de “lo peor ya pasó” formando una cruz, titilando y cambiando las letras de un color a otro como lámparas que se encienden y apagan en una farmacia de 1930, de noche en un Buenos Ayres todavía no tan automatizado.
Ni bien termina el programa, y como si no hubiese sido suficiente, Antonio se levanta de su sillón y pone un video.
La pantalla se llena de Nancy. Ella se ríe. Antonio la mira, la observa con profundidad. Se acerca a la tele.
Toma el control remoto. Detiene la imagen en un primer plano. Agranda la imagen con el zoom hasta que la tele se llena con un ojo. Lo mira de cerca, lo observa.
Cree conocerla de toda la vida. Se le arma una laguna en la cabeza. No lo puede creer. Hace un enorme esfuerzo por saber de dónde la conoce, pero no puede dilucidarlo.
Se le vuelve un torbellino la pregunta “de dónde”.
Piensa en su amigo Guillermo. No está seguro de que él sea ella. Pero sí de que a ella la conoce de siempre. Que fueron amigos en alguna época, que conoce todos sus gustos y secretos.
Nancy cuenta que esa noche se va a celebrar la fiesta del ambiente más fashion e intensa que uno se pueda imaginar en los últimos años. Una nueva agencia publicitaria de Francia organiza el evento, que ella misma va a conducir.
“Concurrirá la gente nocturna y sonámbula más linda del mundo” sopla la voz de un hombre que no vemos.
Nancy aprovecha la intromisión para beber un sorbo de su copa de champagne, y volver a bailar como una serpiente.
Antonio piensa que ella no es lo que muestra ser. Y cuanto más divertida se muestra, más sola la encuentra.
Daría cualquier cosa para estar con ella, conocerla de verdad, decirle quién es. Cree que la tele es una cartulina, que hay que desvestir, y que él, sabe todo de ella, que la conoce más que a nadie, aunque no lo pueda explicar.
Antonio la mira fijo a los ojos otra vez. Ahora la encuentra dispersa, algo ida, casi como preocupada, con la mente en otro lado. Entonces se ilumina y tiene la certeza de que cuando él piensa en ella, ella (por más que este diciendo cualquier otra cosa en la tele) también piensa en él.
El pecho se le infla y desinfla. Por momentos parece explotarle. Ni bien se calma un poco puede escuchar sus pensamientos otra vez. Está en pleno éxtasis, recopilando información divina. Ahora cree que ella lo está buscando. Que no sabe la forma de encontrarlo (incluso puede ser que todavía no sepa que lo está buscando).
Antonio, mientras la mira, sigue pensando. Piensa que Nancy está en la tele para que todo el mundo la vea. Pero que en realidad es solo para que él la vea. Piensa que sí, que es absolutamente verdad lo que pensó hace un momento, “ella lo está buscando sin saber que lo busca”. No tiene noticia de quién es. Pero desea con todas la ganas del mundo que él la reconozca, y le diga quién es ella.
Se levanta. Va hasta la esquina de la escalera. Desenfunda una carpeta llena con recortes de diarios y revistas. Revuelve los artículos. Se caen algunas hojas sueltas. Las ordena una debajo de las otras. Hasta que por fin da con una revista larga y de papel plastificado, con tapa a colores. Rocía con la vista la entrevista que le hacen a Nancy. Después de tantas cintas de letras encuentra el párrafo que estaba buscando. Es ahí cuando comienza a leer detenidamente las palabra. Cada letra le perfora el cerebro, como si fuese conectándose una con otra y esa con otra, hasta despertar la justa información que llevaba guardada secretamente en su mente por miles de años.
Antonio comienza a leer en voz alta. Las palabras le resuenan como si hablara dentro de un vaso con agua:
“Nancy tiene siete mil personalidades. Hoy le toca conducir un programa de juegos y entretenimientos, pero ella juega en la vida, con la vida. A los veintisiete años dice que no sabe quien es, y que se está buscando todo el tiempo. Y que juega con la muerte también, ya que dice morir varias veces al día...”
Antonio deja de leer. Sigue con la revista en la mano. Se queda pensando en lo que acaba de leer. Confirma su hipótesis de que cada vez que deja de pensar en ella, ella muere por un instante.
Una lluvia de fotos divide la página siguiente. Son cientos de fotos pequeñas que se dividen en cuadros exactos, como fotos- contactos que ocupan toda la página. Nancy aparece de una y mil maneras. Vestida de provinciana, con una canasta y trenzas. Entre girasoles medio desnuda. En un avión. Como si fuese una modelo, con cientos de fotógrafos detrás de ella. En un colegio con anteojos y guardapolvos. Arriba de un globo aerostático. Frente a una fina pc de plasma. Su rostro, desde la frente hacia abajo con la lengua afuera y un pircing en ella. Los ojos solos, sueltos, con exactitud, como dos globos aerostáticos. Antonio los mira y los encuentra increíblemente tristes. Se queda pegado a esa foto. Después de un rato, vuelve la vista a la página de enfrente y sigue leyendo:
“Su comida favorita son los crêpes de camarones con ciruelas hidratadas. Su fruta preferida: la frambuesa, o en su defecto las moras. Ama tomar agua sin gas y bañarse dos o tres veces al día. Le gusta tomar taxis, y sentir que es la dueña de la ciudad, porque la conoce toda, de cabo a rabo...”
“...Le gusta salir a caminar sola, donde no puedan reconocerla, y olvidarse que es una estrella de televisión.
Dice que no le gusta ser tratada como a un dios, y que ignoramos lo que hay fuera del universo lácteo, como lo que hay dentro nuestro.
Le gustaría tener once o doce hijos. No puede recordar exactamente cuantos hermanos tiene, pero son más de diez.
“Es que... mis padres se casaron y separaron muchas veces y formaron muchas parejas. Pero la verdad, es que de eso prefiero no hablar.
- ¿te angustia, Nancy?- le pregunta el reportero
Nancy mueve la cabeza negativamente, y baja la vista. Para después arremeter con una intensa carcajada cuando se le pregunta si tiene pareja:
- estoy más sola que un hongo- y se vuelve a reír como una planta de kinotos.
Ninguno de nosotros le creemos. Ella es bellísima y emprendedora. Seductora hasta en su hermoso silencio. Gana mas de cuatros cientos mil al año.
Karl Lagerfeld (diseñador de Chanel) la rotuló como la chica actual
más creativa en la galaxia fashion.
Cientos y cientos de hombres morirían por estar aunque sea un instante con ella. Sin embargo,
ella dice estar sola como un hongo.
Antonio cierra definitivamente la revista. Se acuesta en su cama. Se queda mirando el cielo del techo. Piensa que jamás lo dejarían entrar en esa fiesta que se hará por la noche. No tiene ropas. No tiene invitación. Seguramente la entrada va a estar llena de patovicas y gente de seguridad que le denegarán el acceso. Sigue mirando el techo. Hasta que se levanta. Va por unas latas de pinturas que hay debajo de unas cajas. Las abre. Encuentra el pincel, y pinta el techo de su habitación. Dibuja estrellas, planetas y cielos. Cuando se cansa, vuelve a la revista que había dejado cerrada arriba de las latas de pinturas. Sigue leyendo en voz alta:
“Nancy admite que le gusta lavar los platos de su casa y que no tiene personal doméstico. Así como también dice no tener vergüenza en seguir viviendo donde vivió desde los diez y siete años, cuando se fue a vivir sola, a la casa que heredó de su abuela mitad india, mitad árabe.
Pero el epígrafe de la nota dice:
“Nancy D’ Anggelo. Nancy Murat. O simplemente Nancy. Conductora de televisión. Nació en algún lugar de Buenos Aires. No se sabe nada con exactitud. Un misterio.
Apareció en todas las revistas nacionales e internacionales.
En alguna de ellas (Vogue, Lei, Newsweek, Time) dicen que su postura es “ser innovadora y vanguardista en todo”.
Vivió con su madre, su abuela y sus hermanos. Realizó un set de fotos íntimas para Bottega Veneta en Interview y Donna. Su carrera se remonta a la infancia, cuando desfiló del brazo de su madre para comerciales de televisión y marcas de ropa de niños. Lució remeras exclusivas del diseñador Gianni Versace.
Admitió haber estado “al borde” (vaya uno a saber de qué), en algún momento de su juventud.
Dice no admirar a ninguna mujer, incluyéndose a ella misma, porque no tiene que admirar a nadie. Nadie es mejor que uno, y uno no es mejor que nadie. No sabe por qué hace lo que hace. Tampoco sabe si le gusta...”
Antonio ya no puede seguir leyendo. Ni seguir pintando. Aunque le falta muy poco para terminar de pintar la casa. Parece “la caja del universo”. Las paredes, la puerta, el techo, inclusive la caja del televisor están pintadas con galaxias, puntos cósmicos y estrellas.
Se acuesta en calzoncillos boca arriba en la cama, mirando el universo que él mismo pintó hace un rato. Hay olor a pintura por todos lados. El techo finge estar a cielo abierto, conectado al cosmos.
Se queda dormido pensando: “No conoció a su padre. Nunca conoció a su padre”.
SECUENCIAS
Antonio se acerca a la ventanilla de seguridad del canal de televisión donde trabaja Nancy. Casi temblando deja un sobre papel madera con letras negras en el frente.
Adentro hay un libro que se titula “Los espías de Dios”, es de Kierkergard. Porque una vez la escuchó decir, que le gustaba leer filosofía, aunque no entendía nada de lo que decían.
El hombre de seguridad se acomoda la gorra y lo saluda agradeciéndole el sobre, asegurándole que se lo hará llegar a la Señorita Nancy en cuanto pueda. Antonio sale disparando. El mensaje escrito en una tarjeta, y guardado en el sobre con el libro blanco decía: “yo”.
Antonio camina apurado por las calles de Constitución como si no soportara el aire intoxicado del mundo exterior. Se detiene frente a la autopista. Cierra los ojos. Se deja llevar por la ráfaga de los autos que van y vienen, haciendo una intersección de sonidos que lo conducen al mar. Después los abre, cuando un hombre no muy mayor, pero con bastón y la cara llena de barro, le pide unas monedas. Al torcer la vista se da cuenta que a pesar de estar en la plazoleta de la avenida 9 de julio se encuentra en el terreno verde que es el hogar de ese hombre. Hay un paraguas y unos cartones que delimitan su lugar, un viejo calentador con carbón y leña, que a Antonio por un momento lo hace situar en otra época, en otro lado del mundo.
El semáforo se pone en verde. Antonio estira una pierna y luego la otra. Arrastra un pie y luego el otro. Lo hace con prisa, evitando que el semáforo lo agarre en el medio de la larga avenida, y que la gente lo vea y descubran quién es.
Dos semanas después. Después, de no haberse perdido de ver y grabar ningún programa, y de repetirlo más de una vez cada uno, se baña. Desplomado en la bañera toma aire por la nariz y lo exala por la boca. Todas sus preocupaciones quedan atrás.
No hay nada que pueda molestarlo en ese momento. Su mente queda en blanco por completo. Pasa casi dos horas en el agua, hasta que los dedos se le achicharran como pasas de uva secas.
Al salir, elige cuidadosamente la ropa que se va a poner.
Una vez vestido se para frente al espejo y se arregla la corbata. Después se peina con gel.
Espera nervioso el 96. Se baja a dos cuadras del canal donde trabaja Nancy.
La espera enfrente de los estudios de televisión, donde se graba el programa. El tiempo pasa. Hasta que por fin la ve salir. Siente una fuerte emoción que se le reproduce por todo el cuerpo. No la puede contemplar con exactitud, ya que sus pasos son ágiles, como si supiera a dónde va, mientras que los de él son marcados y cortos debido a su rengera.
Antonio la sigue como puede, estableciendo una distancia prudencial. Mientras la ve delante suyo, piensa que ella tiene su destino en la mano.
Se muere de ganas por alcanzarla y detenerla, preguntarle si ya sabe donde cayó su carta; si leyó el libro que le regaló, si le gustó, o si ya pudo recordar quién es él. Si piensa tanto tiempo en él, como él en ella.
Cuanto más rápidos son sus pasos, más se aceleran los de ella, hasta mezclarse entre mas gente y desaparecer por un momento.
Después de apurar sus pasos, Antonio ya no siente una pierna. La otra, la vive como un río de hormigas que le recorre el cuerpo, parece alcanzarla, tenerla a unos metros para preguntárselo. Puede sentir su pelo, su aroma, el perfume de su piel. Pero enseguida avanza y vuelve a ser una imagen lejana en movimiento, que desaparece. Por lo que a Antonio le resulta imposible hablarle. Antonio se queda pensando “¿Quién es ella?”.
Ella es todo para Antonio, lo sabe todo de él, así como él cree saber todo de ella. Es algo divino que no le permite mirarla de cerca. La irradiación de luz que emana, lo paraliza. Tiene enorme miedo a la desilusión, porque eso sería lo peor que le pudiera pasar. Porque eso sería lo peor que le pudiera pasar. Porque eso sería lo peor que le pudiera pasar...
Si aún no se encontraron frente a frente, “es porque todavía no es el tiempo”, se dice Antonio, resignándose al verla desaparecer entre los autos que la separan del otro lado de la avenida.
Prefiere seguir hablándole a la distancia, con el pensamiento, como siempre.
Antonio se queda parado. No sabe dónde está, ni donde se metió. Si Nancy tomó un taxi, si entró en un bar, o si se metió en un edificio de la zona. Se agarra la cabeza con las dos manos, y se queda paralizado por un momento. Cree que perdió la oportunidad de su vida al verla y dejarla ir, como si no hubiesen más días en el mundo para volver a verla.
Ni bien traga ese estado de amargura que tiene en la saliva, y en todo el pecho, levanta la cabeza, para volverla a ver. Parece no desaparecer jamás. Siempre está presente frente a sus ojos. Ahora gira en la esquina, del lado contrario al que avanza la gente.
Antonio arrastra su pierna en continua velocidad. Logra doblar por donde lo hizo Nancy. La ve a lo lejos, casi como un punto dorado en la noche, pero no le quedan dudas de que es ella. La puede distinguir en este mundo y en cualquier otro.
Ella sigue caminando rápido, como si supiera a dónde va. A medida que lo hace, se va quitando los aros, se suelta el pelo, se quita los anillos de las manos, inclusive el sweter beige que le cubre la espalda. Se queda con una musculosa blanca. Saca de su cartera de alambre Versace una bolsita de supermercado. No espera llegar a su casa para cambiarse los zapatos color salmón. Lo hace en la calle, apoyada en un árbol, frente a un edificio horizontal. Se pone las zapatillas de tenis, y camina en la oscuridad.
Antonio la mira a una distancia prudencial, y no lo puede creer. No puede salir de su perpetuo asombro.
Nancy camina a la velocidad de un rayo. Se pierde por las calles oscuras del barrio de Constitución, donde ahora se mezcla entre prostitutas y travestis que deambulan en las esquinas.
Antonio aumenta su velocidad al máximo, pero su fatiga también lo hace, y automáticamente tiene que detenerse frente a un árbol (como momentos antes lo hizo Nancy para cambiarse los zapatos). Toma aire con fuerza. No da más. Acaricia el árbol donde ella se apoyó. Ahora la ve a lo lejos, perderse como un punto que se extingue.
Antonio comienza a caminar hacia el lado contrario al que se dirige Nancy.
Al acostarse esa noche, Antonio se toca el pecho. Todavía le late más fuerte que la respiración. Más rápido que su pensamiento incluso. Se da cuenta que sigue vivo.
No le importa perder la cuenta de cuánto tiempo llevaba sin hablar con nadie.
Sigue pensando que ella es su llave, y que cuando estén juntos abrirán un millón de recuerdos iguales. Que habían vivido las mismas cosas, y sus almas fueron una alguna vez. Que irían a un universo donde “ya habían estado antes”. Que pasaron por todas partes y fueron todo: almohada, mesa, sillón, pc, techo, vaso, lámpara, verde, alguna vez... en alguna parte...
Piensa que la noche siguiente, la increparía y para preguntarle que lleva en su cabeza. Así volvería al mundo real. Al que no toca desde hace siglos. O quizá, al que nunca ingresó y no pertenece, pero desea y ansía entrar, como morir y empezar de nuevo, una vida nueva. Pero sueña que ella vuelve aparecer en su mente, como una nube, como la posibilidad de conectarlo con la tierra. Como la posibilidad de todo.
NANCY NO NACE DE UN HUEVO
La madre de Nancy, la señora Betty camina con su bolsa de mandados hacia el mercado. Pasa por la góndola de verduras, donde hay alcauciles, choclos, lechuga mantecosa, china, criolla, tomates cherry, y cientos de naranjas y manzanas encastradas en cataratas. A un costado se encuentra un cajón de batatas, berenjenas y hongos. Se para frente al puesto donde venden pollos frescos. Corre una correntada de viento frío. El techo es de un tinglado con chapa, muy alto. Comienzan a caer algunas gotas de agua. El ruido golpea fuerte, produciendo resonancia por todas partes, hasta ensordecer los diálogos del comprador y el vendedor. Algunos empleados llevan bolsas de arpillera con verduras de un lado a otro. Otros, con largos delantales blancos, se pasean con pedazos de redes, o tiras de chorizos y morcillas de un puesto al frigorífico.
Al costado de la Señor Betty hay una larga heladera con distintos tipos de quesos, salames, y fiambres de campo. En la vitrina del fondo hay cinco hileras de vinos que se suceden por un inmenso espejo al reproduce a sí mismo. De vez en cuando cambian las etiquetas y las marcas de los vinos.
En el puesto de enfrente se exhiben distintos tipos de pescados. Desde mariscos, calamares, pulpos y ostras, hasta lenguados, merluzas, corvinas y salmón. Un largo pez espada, de escamas plateadas, tiene una manzana en la boca. Entre cientos de hielos granizados en cubos aparecen dos limones sueltos.
La señora Betty gira y va al puesto de al lado. Pide un pollo grande.
- ¿de cuántos kilos, señora?
- siete kilos, más o menos, joven
El empleado, poniéndose unos guantes blancos toma un pollo de la heladera que está en exhibición. Lo hace por la patas. Lo pone en la balanza. Marca siete kilos seiscientos en letras coloradas.
- ¿trozado o entero?
- Trozado
- ¿en cuántas partes se lo corto, señora?
- ...
- ¿en cuatro o en seis?
- en cuatro, por favor
- ¿Con o sin piel?
- Sin piel
- ¿los menudos se los dejo?
- Está bien
Cuando el vendedor lo está por empaquetar aparece la voz de un señor que estaba en la cola, detrás de la Señora Betty, esperando su turno para comprar.
La cortina de lluvia parece aumentar y el ruido se torna insoportable. La gente empieza hablar a los gritos para hacerse oír.
Este hombre, que ahora parece haber salido de la nada, le sugiere que compre otro pollo, de mejor calidad. La señora lo mira extrañada. El señor empieza a explicarle que los pollos grandes suelen estar anabolizados, y pueden contraer mayor probabilidad de enfermedades que los pollos de campo. Ya dirigiéndose concretamente al vendedor de gorra blanca, le dice que mejor le de dos pollos de poco tamaño a la señora, porque además los pollos grandes se consumen enseguida dejando toda la grasa en la parrilla o en la sartén, reduciéndose a una cosa insignificante, sin carne para comer. Además, la grasa trae colesterol, y el colesterol la llevaría sí o sí a la muerte.
Ahora dirigiéndose a la señora, le dice por lo bajo que ese señor la iba a matar.
La señora Betty lo espanta con la mano. Le parece un tipo totalmente ridículo, caído de otro planeta, y se avergüenza de que la haya elegido a ella para semejante estupidez.
Saca del bolsillo de su pollera un monedero negro, muy pequeño, revestido con perlas de plástico y le paga al vendedor. Este le da dos monedas de vuelto, y sale con su bolsa y el pollo que había elegido adentro.
Antonio se pierde rengeando entre la gente. Después se lo ve parado frente a la tienda de los pescados, haciendo telepatía con uno de ellos.
Sucesivos círculos salen de la cabeza de Antonio viajando por el aire, hasta llegar a la cabeza del pescado. Después los circulitos viajan de forma inversa, de la cabeza del pescado muerto, a la cabeza de Antonio, que permanece concentrado frente a la mesa del puesto.
El pescado le cuenta a Antonio que está en una mesa de exposición. Que está siendo observado para ser incluido dentro de un libro bizarro.
Antonio le cuenta que él cumple una misión. Al cabo de unos segundo, le cuenta con el pensamiento que le gustaría conocer al escritor que lo capturará, y más tarde agrega: su lugar de trabajo, verlo manejar los hilos de todas las palabras que tiene a su disposición como quien maneja la cuerda de una función de marionetas, o de títeres.
El pescado le dice que todo está entrelazado, pero que las fuerzas del destino son las ganadoras, y las que lo manejan todo.
Antonio se va arrastrando una pierna tras otra por los baldosones del mercado que se inauguró a principios del siglo pasado. Donde van turistas de todas partes del mundo hacer su excursión de exploradores del pasado y de culturas arcaicas. Los japoneses no paran de tomar fotografías a todas las cosas que ven. Hay alemanes, suizos y yanquis. Algunos de ellos llevan minúsculas cámaras digitales colgadas del cuello, con las que filman todo.
Al salir a la calle, piensa que tiene un largo viaje hasta su casa. Debe caminar tres cuadras y medias, y tomar dos colectivos. Se tapa la cabeza con un diario que encontró sobre la pila de unos cajones de manzana. Camina por el lado derecho de la vereda con mucha pausa y cuidado, tratando de no mojarse y de esquivar los charcos y las baldosas flojas.
La madre de Nancy deja el pollo en la cocina. La cocinera lo saca de la bolsa y lo pone en un plato, que lleva a la heladera.
- dejá, está bien- dice la señora Betty – yo misma lo voy a preparar...- la mucama sale por la puerta.
La señora Betty entra al living donde está Nancy protestando, tratando de instalar un programa nuevo su pc portátil, que no anda. Le dice que tiene algo importante que contarle. Nancy le sugiere que ahora no. Que tiene que “conectarse ya”, y no puede perder ni un segundo.
La madre de Nancy se dirige a la cocina a preparar el pollo.
El reloj que esta encima del televisor de madera, indica que son las cinco en punto.
Antonio corre, rengeando hasta la heladera. Una pierna, después la otra. Nunca las dos al mismo tiempo.
Destapa otro porrón de cerveza. Pone los pies sobre la mesa pequeña, y se estira. De tanto en tanto levanta la mano para tomar alguna que otra papa frita, o un pedazo de queso recién cortado.
Se refriega las manos. Una con otra. El calor de la tarde hace que se le peguen, pero parece no importarle, y permanecer indiferente a ello.
La cortina musical de todos los días comienza a girar. El programa de Nancy comienza. Una voz chillona muy eufórica hablar sin parar. Antonio se estira hacia delante, y después vuelve a su lugar. Parece totalmente expectante por lo que va a pasar. No deja de mecerse hacia delante y atrás. Mira su programa favorito como si entrara “en trance”.
Cientos de tomates desparramados por todas partes. La gente se revuelca entre ellos. Algunos nadan entre los tomates como si fuese un río rojo. Otros los toman con las manos y se los arrojan al primero que tiene enfrente. Entre esa lluvia de tomatazos aparece Nancy. Alguien le vuela un ojo con un tomate que le pega de lleno en la cara. Parece divertirse y no importarle el golpe, sino disfrutar y terminar la nota para seguir jugando.
Dice que está en Buñol, una hermosa localidad española pegada a Valencia. Cuenta que son más de treinta mil personas las que participan de la tradicional fiesta de la “Tomatina”, que se realiza una vez al año. Gente de diversas partes del mundo viaja hasta allí para pasar un día entre tomatazos que van y vienen por el aire.
Antonio se ve revolcándose entre los tomates en esa especie de piscina que creó la gente. Después se acuerda de que tiene una pierna más larga que la otra, y que no podrá hacerlo como la demás gente. Se aleja de la pantalla, y la ve distinta. La ve lejos. Cada vez más lejos, hasta visualizar la distancia. Es la voz de Nancy la que lo hace volver a meterse en el programa cuando la escucha decir, que la guerra es todos contra todos, y que nadie se enoja con nadie. Todos se divierten, dan y reciben tomatazos sin importarle raza, color, sexo o edad. Agrega, que este año fueron ciento once toneladas de tomates las destinadas para animar la fiesta, y otro tomate le vuela los pelos.
Así pasa casi la hora entera del programa. Solo en los intervalos se levanta para ir en busca de otro porrón de cerveza, después pasa por el baño. Desde ahí, escucha la propaganda de una revista argentina, donde promocionan “la bronca de Nancy Murat contra su madre”. Antonio mira el resto del programa ansioso para que termine y salir en busca de aquella revista. (Total, al programa lo esta grabando como de costumbre, para verlo una y otra vez más el resto del día, o en la noche).
Nancy entrevista a Kid Loco, una músico electrónico francés que dará unas noches de lujuria al aire libre en el Planetario, haciendo bailar a mas de quince mil personas. Kid habla del encanto del movimiento, y del relax, cuando uno se siente poseído por la música que lo mueve, haciendolo perder el control de sus actos. Después de la “Fashion Emergency”, un encuentro de humanos, donde se valorizó las diferencias de todo tipo, estéticas, de accesorios, de indumentaria, gastronomía, arte, desfile Nancy le pregunta:
- ¿La propuesta?- mientras se levanta los pelos hacia atrás, y le presta atención a un recuerdo que le pasó velozmente por la cabeza. Se ve a sí misma, jugando en las hamacas de una plaza rodeada de residuos, pegada a un monstruoso basurero de cientos y cientos de hectáreas de extensión. Detrás de la podredumbre y los cientos de camiones que aparcaban en hilera para descargar la mierda, algunos edificios se elevaban para contrarrestar el paisaje. En ese momento alguien la interrumpe para acercarle un fax que ella lee de inmediato. Se trata de una noticia de último momento:
“¡Atención! Hay más de doscientas personas intoxicadas
por comer pollos en mal estado. Le pedimos a la comunidad
que por favor se detengan y no sigan comprando,
ni comiendo pollo en estos días.
La Comisión Nacional de Control y Calidad del Consumidor
está haciendo serias investigaciones de dónde provienen los pollos infectados, y en qué ciudades y negocios alcanzaron a distribuirse. Pero por el momento no hay esclarecimiento alguno.
Por lo que, ¡reiteramos!, le pedimos encarecidamente, a toda la comunidad:
No coman pollos en estos días. A los que lo hicieron y sienten síntomas no habituales, por favor concurran inmediatamente a un médico, o llamen al 0800 444-5030”
- Kid, ¿viviste en Inglaterra?
- No. Estuve de paso por ahí algunos meses, como también estuve por Barcelona, capital de la movida “trance” en estos días. Y sino, mira como hablo este idioma. A las mil maravillas...
- sos constante con la música. ¿Qué nos vas a ofrecer esas noches en el Planetario?
- Bueno, con un poco de aires exóticos, un set de movida individual. Al mover el cuerpo se mueven las neuronas y la energía sale como las fibras vegetales extraídas del océano indico. También algo chilli-out
- ¿conoces el Lejano Oeste?
- Sí, claro. Incluso rescate un par de cintas, de tracks de aquellos lados y por ahí andan dando vueltas. En cualquier momento hago algo con ello. Me gustan los contrastes... me gusta caminar sobre el shantung dorado (zoe), me gusta la distracción para atraerme y abstraerme hacia la atención. Básicamente habrá geometría el martes en la fiesta del planetario. ¿estarás, no?
- Sí, por supuesto, con nuestras cámaras cubriremos todo la movida...
- Sí, me parece muy importante que haya este tipo de eventos en vuestro país. Yo, soy un ignorante por completo de tu país, pensaba que había gauchos, praderas y boleadoras por estos lados. Y sobre todo, que el gobierno auspicie un evento así me parece formidable.
- Permitime un momento Kid. Es que lo que está pasando es muy grave. Reiteramos, las personas que se sientan mal y recuerdan haber comido pollo en las últimas veinticuatro horas, por favor llamen a un médico. Se están registrando bajas por no acudir de inmediato al médico. El virus que contienen los pollos es moral. Si no se lo detiene a tiempo se instala en todo el organismo hasta producir la muerte. Por favor, insistimos con este tema: actuemos a consciencia. Y no comamos pollos, que justo el que vamos a comer puede contener esta enfermedad...
- ¿sabes algo de esta enfermedad del pollo, de la que hablas?
- No, pero creo que tiene algo que ver con la caca. ¿me confirman gente de producción, no quiero decir pavadas... por favor averigüen, así nos mantenemos informados. Bueno... creo que ya estamos excedidos en el tiempo. Te agradecemos infinitamente Kid que te hayas molestado hasta acá y que...
- No es nada. El baño es muy lindo, uno se siente muy cómo en esos ¿cómo se llaman? Inoduros, muy confortables, muy cómodos. Ah, y el whisky que te sirven ni bien entras es de puta madre, como dicen mis compatriotas, te zoeen, te abren el camino, en blanco y negro. Y, amigos, no se olviden de usar siempre el pelo color manzana.
Ni bien se escucha la repetitiva música que va de atrás para adelante, indicando el fin del programa, Antonio se pone una campera. Se calza las medias, las zapatillas (las cierra con el abrojo), y sale corriendo al kiosco de la esquina.
Camina por la calle con la revista en la mano. Su vista pasa simétricamente por una línea, después por otra, y así hasta terminar la nota, justo cuando está por entrar a su casa.
Antonio se autoconfirma que tiene poderes extra sensoriales de anticipación. Piensa que solo tiene que hacer un pequeño esfuerzo para recordar lo que va a pasar, pero en ese momento se le hace una laguna en la cabeza, y no puede avanzar ni un paso más. Se encuentra totalmente trabado frente a la puerta de su casa, que lo mira como diciendo, solo tenés que abrirme, pero eso parece muy complicado para Antonio. Hay algo que tiene que hacer con sus propias fuerzas para poder seguir, y recordarlo todo, pero no sabe qué.
EL VENDEDOR DE TIEMPO
Nancy está frente a su pc. Se asombra al leer cientos de e-mails que recibe. Después, su asombro se multiplica al darse cuenta de que todos están redactados de la misma forma. No tarda en inferir que, si bien son de distintas direcciones, todos están escritos por la misma persona. Le parece un locura la situación. Enseguida piensa que no es ella la que está loca, sino él. El momento de lucidez continúa en Nancy. Percibe una correntada de aire frío, envolvente. Camina en dirección al aire acondicionado. Lo baja. No siente miedo por el tipo que está detrás de ella, sino misterio. Se da vuelta y se queda mirando al hombre del cuadro. Es una tela del siglo XVI, realizada en las laderas verdes del monte Yoshino, en Japón. Con toda la luz del día. El retrato es casi blanco, pertenece a Hidari Jingoro. Nancy le puso un nombre a ese señor de cara alargada y mentón hacia abajo, como una pera. Lo llamó Kusano. Tiene las cejas excesivamente levantadas y los ojos blancos, sin nada adentro. No como si tuviera el iris oculto arriba, bajo las pestañas, o al costado. No. El globo ocular no está, y pareciera que nunca estuvo. Esa mirada ciega, de vacío eterno, siempre la hizo pensar a Nancy, que la miraba. Se le ve una oreja. Es mas bien redonda, llena de recobecos. La lleva levantada, pero con cautela, como si estuviese despierta, abierta. La nariz le baja como un tobogán, y se encuentra con una boca torcida, mirando hacia abajo, enojada y endiablada. Llena de odio y rencor. La cabeza está pelada, con excepción de unos pocos pelos e el perfil, arriba de las orejas, y un puñado de pelo levantado que sobresale de la cima de su cabeza. Dejando caer con la curva descendente los indicios de una colita de largo pelo. Los ojos vacíos y alargados vuelven a ser el centro de la mirada de Nancy. El fondo de la pintura es negro. La piel increíblemente amarilla, como la de un pollo descolorido por lavandina.
Todavía sin levantar la vista de esa mirada vacía, piensa que se trata de una persona que conoce mucho. Sale de su estado de perplejidad, y como si hubiese concentrado energía de una manera divina, toma consciencia que le interesa seguir adelante con el juego, del que no sabe si es ficha, tablero, o agente.
Ya sentada cómodamente en el sillón del living y con otro whisky en la mano, piensa que se puede tratar de algún amigo que tuvo en alguna época de su vida, muy allegada a ella. Por lo cual, sabe todo de ella. Pero de todos modos, no puede saber de quién se trata. Muere por saber quién le escribe y firma como “ su otro yo”.
Tantea sin mirar su vaso de whisky, pero se topa con una tasa de té Twinngs. Toma un sorbo. Se seca los labios con la servilleta y después la mira. El té está frío. Le gusta que ese sabor dulce permanezca por unos momentos en su boca.
Vuelve a ver la pantalla de su pc, que le anuncia cientos de e- mails nuevos por medio de sobrecitos que llenan toda la imagen sin dejar un espacio en blanco. No puede salir de su asombro de lo que acaba de ver. Piensa que se trata de un psicótico obsesivo que finalmente va a terminar matándola. Pero a razón cierta no sabe que espera de ella. Después, siente un fuerte escalofrío por todo el cuerpo. Se imagina con un halo de luz dorada rodeándole el borde del cuerpo, pero sin tocarla. ¿Será dios que se aproxima con todas las verdades del mundo? Piensa por un momento, y vuelve a sentir miedo.
Se tira en el sillón. Permanece inmóvil por unos instantes. No puede hacer nada mas que pensar en lo que acaba de suceder.
- ¿Puede ser cierto que haya alguien que piense tanto en mi?, ¿y que me conozca tanto?- se pregunta sin moverse de su lugar.
Con miedo se levanta y se sienta frente a la mesita plateada donde descansa su pc.
Le parece increíble que sea verdad que haya una persona que le escribe. No puede creer que exista “esa persona”, que en el mismo momento en que ella esta leyendo sus e-mails, él se los esté enviando del otro lado de la red.
En la fina pantalla de plasma, aparecen con letras grandes y rojas:
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:04 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: acercándome...
Sensitivity: Private
Gjdksdjlñgfffffffff9t5ygjiob9b m8y84 9849vb m485bm948b984bn849b64b89n6894n086b9vmidlñfgkd,.bmc,bmdhjserkgjueldkgjklegeiut5io458uy9345jbgierjbgi4ktyu890347t6’80q3ifgokgoñ
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:06 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: Mientras me lees...
Sensitivity: Private
MIENTRAS ME LEES, ME MUEVO. TUS OJOS ME DAN VIDA. AHORA ESCUCHO TU PENSAMIENTO. TUS PENSAMIENTOS ESTAN DENTRO MIO.
Sinsalirdelhuevo_______________________________
From: Sinsalirdelhuevo
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:08 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: ¿Quién soy?...
Sensitivity: Private
YO SOY QUIEN TE PIENSA. YO SOY QUIEN TE PIENSA. YO SOY QUIEN TE PIENSA. YO SOY QUIEN TE PIENSA...
Porlaventana44A______________________________
From: Porlaventana44A
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:10 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: RECORDATORIO/ REC/ REC/RECORD...
Sensitivity: Private
¿TE ACORDAS DE MI? ¿SABES QUIEN SOY?
Nancy se asusta más que antes. Cree en todas las palabras y en los mensajes que brotan de ellas.
Piensa que alguien, con algún motivo concreto le esta escribiendo eso porque la conoce más que ella a si misma. Al cabo de un momento piensa que, su vida está en sus manos. Y que está a punto de perder el control de las cosas. Alguien la está manejando.
Después de esa ola de miedo, de sentirse gobernada por el destino, el miedo pasa, y se calma un poco. Le aparece la inquietud de querer saber de quién se trata. Va y viene. Camina con su vaso de whisky de un lado al otro de la sala. Descarta por completo que se trata de un admirador secreto, o de alguien que quiera gozar de su fruta sexual.
- Un delincuente sexual, es algo vulgar, que no se tomaría el trabajo de hacer semejante trabajo obsesivo, simplemente paga (como ya me pasó) una cifra incomprensible la entrada a una fiesta privada (a las que nunca voy, o muy pocas veces voy) y trata de seducirme hablándome de los cientos de millones de dólares que factura al año. O me invita una copa de Mun y me mira insistentemente las piernas, y si no le doy cabida, su ego es mas fuerte, me mira como si no valiera nada, y se pone hablar con la chica de enfrente. No. Alguien que quiere cogerme, no. ¿Un admirador secreto? ¿Un romántico? ¿Alguien fuera de época? Pero... no tendría tanta obsesión. Sería más poético... No sé de quién mierda se trata, pero acá hay algo más... esto, me parece, va en serio...- dice Nancy en voz alta sin dejar de caminar, como si se tratara de un detective en una película de mil nueve veinte.
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:18 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: DESTINO MARCADO
Sensitivity: Private
SOY TU COLOR FAVORITO
¿NO ME VES? NO PIERDAS EL TIEMPO...
YO VENDO TIEMPO, Y VOS YA LO COMPRASTE...
Lanaranjamecánica2____________________________
From: Lanaranjamecánica2
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:20 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: REC/ RECORD/RECORDATORIO
Sensitivity: Private
¿QUE PASO?
TE VOLVES A OLVIDAR
TE VOLVES A OLVIDAR Y...
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:21 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject:
Sensitivity: Private
LA VIDA ES UNA. LA VIDA ES CORTA. MUY CORTA. LLEGAMOS LUCHANDO HASTA ESTA DIMENSION PARA ENCONTRARNOS, POR FAVOR, RECORDÁ. ¡¡¡¡¡¡RECORDÁ!!!!!!
Antonio898yahoo______________________________
From: Antonio898yahoo
Sent: Saturday, February 22, 2003 2:25 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: Pedido
Sensitivity: Private
NO DESPERDICIES LA UNICA OPORTUNIDAD QUE TENEMOS. YO, ESTOY DISPUESTO,
Y ME ESTOY MURIENDO.
A Nancy se le instala un amanecer de misterio que la baña de luz y se expande como las horas de un día. Ya no es la misma de antes, después de escuchar lo que acaba de leer. Transpira. Se quiere sacar todos esos mensajes de la cabeza, pero no puede. Se le grabaron a fuego en su memoria. Toma otro vaso de whisky, esta vez sin hielo, y piensa que todo eso es un disparate. Sale de ese estado de nebulosa, de haber estado en una película de terror y se acuerda que es estrella de televisión, un personaje que se creó para jugar y que tuvo éxito.
Pero enseguida vuelve a ser la misma de antes. Ya no puede olvidar lo que escuchó. Le queda el misterio de quién es la persona que está del otro lado de su vida. Y sabe que si no despeja sus dudas cargará con un misterio oculto toda su vida, y ésta irá en pendiente contraria de la que busca.
- Alguien me invita a saber algo más de mí. Pero no me lo dice todo, soy yo la que ahora tengo que buscarlo y me da miedo- le dice Nancy a la imagen de su tela que ahora, al escucharla, parece volverse siniestra.
El miedo se le antepone al misterio. Y el misterio no la abandona. Es lo que la mantiene viva.
Se siente muerta por un momento, como si alguien la hubiese matado con el pensamiento. O como si alguien hubiese dejado de pensar en ella, y es eso lo que ahora ella descubre que no quiere que pase.
Se deja caer desplomada en el sillón. Cierra los ojos. Se tapa la cara con las manos. Al cabo de unos instantes se levanta algo mareada en busca de otro whisky. Mira al oriental del cuadro, cae en sus ojos ciegos, y vuelve a reflexionar. Piensa que todo lo que hace, su trabajo, el programa de tv, las revistas, los contactos con la gente, los desfiles en París o en el MOMA. Todo, todo eso es una actuación, una capa de su vida. Recuerda que tiene otras.
Se sirve el que cree ser su último Jack Danield´s. Siente una fuerte energía que la lleva a decidirse a enfrentar la verdad. A ver dentro suyo quién es. O a ver dentro de alguien “supuestamente desconocido” que se le presenta diciéndolo que sabe quien es ella.
Apaga la pc. La dobla y la guarda. Se siente Penélope Glamour por un momento, y se ríe. Se ríe más fuertes para sus adentros cuando se recuerda a si misma, sentada en una pequeña sillita de madera azul, frente al televisor mirando aquel dibujito animado. Ahora se vuelve a reír con una carcajada que le llega al supuesto Buda, al pensar que tanto jugar a ser ella, finalmente se convirtió en Penélope Glamour.
De repente, quiere saber dónde nació y cómo. Quién es su papá, y qué pasó con él. Pone un cd de David Bowie, pero no alcanza a oír la música. No puede sacarse de la cabeza las ultimas palabras que vio en la pantalla de su pc.
Hace un par de llamados. Contestador del celular. No deja mensaje, corta. Idem. Por fin la atienden del otro lado. Es su amiga Mara. Arreglan encontrarse en un bar de La Boca.
BLANCA FLOR
Sale a la calle y toma un taxi. Le pide que la deje en el puente, donde comienza el barrio de La Boca. Son casi las once y media de la noche. Camina nerviosa hasta el lugar donde se dieron cita. Pasa inadvertida frente a un monoblock donde hay varios chicos fumando marihuana en la calle. Mira hacia arriba, hay ropa colgada desde las ventanas.
Nancy sale a la calle “a cara lavada”, vestida de manera muy simple. Lleva anteojos negros muy grandes y baratos. Se disfraza de una manera tan... ¿apacible? Que pasa por una chica común y vulgar, como en el fondo lo es. Por lo cual, podemos pensar que sale a la calle sin disfraz.
Mientras cruza la calle, en una esquina toma conciencia que alguien la sigue a todas partes. Un fantasma se levanta y a Nancy le recorre una corriente de aire frío por la espalda, provocándole un pasajero temblor.
Se tropieza con un adoquín fuera de lugar al entrar a “Blanca flor”. Deja que la antigua puerta de madera se cierre sola. Busca una mesa desocupada que le agrade. Se sienta frente a la ventana. El río, sucio, lleno de botellas de plásticos parece hundirse. Se le acerca un mozo con delantal blanco y cara de galleta. El río permanece inmóvil. El mozo tiene los ojos negros, redondos y muy grandes, y mucho pelo por los brazos, incluso en las cejas. Nancy piensa en el cuadro de su casa y le pide un cortado. Mira el reloj de pared. Son las doce menos cuarto. Se abre la puerta. Entra un rápido viento de verano. Después, su amiga. La puerta se cierra detrás de ella. El viento que dio vueltas por el lugar, queda afuera. Mara le da un beso a Nancy, y cuelga su cartera en el respaldo de la silla. Después se quita el saco con piel blanca en las mangas y los bordes. Nancy piensa que ese tapada es desubicado para la temperatura que está haciendo, pero no dice nada. Sabe que Mara siempre trata de ponerse lo mejor que tiene para verla, sin importarle la temperatura ambiente.
Una chica de pelo corto le dice algo que resulta ser ofensivo a su novio. Este es Claudio, un chico- habitué del bar. Ni bien gira la cabeza se encuentra con Nancy que no deja de mirarlo ni por un segundo. Le hace una seña indicándole que lo espere en la antesala del baño.
Nancy se levanta frenéticamente provocando un fuerte ruido al arrastrar la silla de madera hacia atrás y mover la mesa con la taza del café y el cenicero encima. No hay servilletas, la preferencia de Nancy, ya que cuando era chica no había servilletas en su casa, y cuando las descubrió le pareció algo fascinante, algo de lo que nunca más se desprendería.
En el medio de la oscuridad, y entre dos paredes que parecen acercarse hasta aplastarla, con venecitas grises y celestes, Nancy y Claudio se encuentran.
Ella le da un billete de cien dólares. Él, una pequeña bolsita de plástico con polvo de ángeles. Se la cierra en la mano de ella, apretándosela para abajo y le sonríe. Ella, atina a darle un beso en la mejilla, pero no lo hace. Se queda casi hipnótica mirando por una venta muy chica, de treinta por cuarenta centímetros, que da a un patio lleno de cajones, donde cientos de botellas de cervezas y gaseosas vacías se apilan una sobre otras. Nancy ve el tiempo. Es una noche nublada. Se levanta un fuerte viento que arrasa con cuantos papeles de basura encuentra, anunciando una tormenta para el día siguiente. El diller se va, dejándola sola. Ella se queda pensando en que ahora “tiene el tiempo en la mano” y se va.
Vuelve a la mesa. Mientras enciende un cigarrillo traído de la Unión Soviética se pregunta, si verdaderamente esa persona que entra a su pc, le manda e-mails, y le deja mensajes en el teléfono, puede sentir lo mismo que ella.
Está a punto de preguntárselo a su amiga, la morocha que está frente suyo, pero no le dice nada. simplemente la mira. Parece muy “ida”. Metida dentro de su mundo, mirando a través de la ventana que no conduce a ningún lado mas que a ella misma. En ese momento entra la policía.
Le piden los documentos a todos los que están en las mesas. Son pocos, el bar a esa hora está casi vacío. No hay más de siete personas incluyendo al mozo y el encargado de la caja. Un policía hace una cruz en la puerta con todo su cuerpo para evitar la salida de la gente. Nancy piensa en el escape y esa palabra la remite cientos de lugares donde se pierde.
El diller intenta salir por la ventana que da a la calle Caminito. Hay un disparo, y el bar se llena de una nube blanca, que no permite ver nada con claridad. Nancy y su amiga permanecen tiradas en el piso. Por momentos levantan la cabeza para ver qué pasa. Se escuchan más disparos. Las vuelven a bajar para no levantarlas hasta que todo termine.
Nancy siente miedo. Por un momento es tan enorme esa sensación que queda inmóvil. Después piensa que, es Claudio, “el vendedor de tiempo” el que escribe en su pc. El diller trata de escapar por la ventana.
- ¡Es el, es él!- se dice a si misma, sacándose de encima esa sensación apestosa de miedo que la invadía. Después piensa que está loca, muy loca, y que de ahora en más no va hacer otra cosa que equivocarse y equivocarse y equivocarse y equivocarse y equivocarse.
Se oye otro disparo. El vendedor de tiempo cae en la calle boca abajo. El disparo en el hombro hace que siga corriendo, y otro por la espalda que caiga muerto mientras se arrastraba por el tiempo que se le había escapado.
Nancy lleva una falda y un jersey negro. Medias caladas y zapatos negros. Anteojos negros y un sombrero de piel negra. Llora con discreción. Cientos de flashes disparan una y otra vez, desde atrás de un alambrado. Del otro lado, la inmensidad verde y el cajón blanco en el centro. Las personas de seguridad, con sus radios encendidas custodian en círculo y en silencio. Todos llevan traje, corbata, y anteojos negros. Un árbol los resguarda del frío.
- El cementerio privado está conmocionado por tanto alboroto- dice un periodista de prensa amarilla.
Por lo bajo, se alcanza a escuchar el comentario de una persona del mismo equipo de producción:
- en cualquier momento se levantan los muertos...
Nancy se tapa la cara con su pañuelo blanco. Al cabo de casi cuarenta minutos de llantos entrecortados y silencios, se va en un auto negro.
Nancy está sola en el living de su casa, tomando un whisky. Recuerda que hacía pocos días, su madre le enunció que tenía algo importante para decirte. Ella estaba ocupada. No le prestó atención.
Entra a su cuarto. Antes de toparse con el placard que vincula su ropa con el exterior (como si se tratara de los anaqueles de una tienda en un shopping), Nancy se ve a si misma tirada en la cama. Queda absolutamente perpleja por un instante. El instante se prolonga y no puede dar un paso hacia delante, ni hacia atrás. Permanece absolutamente petrificada.
La mujer que está desparramada en el somier no se mueve. Tiene las piernas abiertas y una bata larga con la que se tapa el interior del cuerpo. La cara está totalmente maquillada, y si uno se concentra, simplemente desde el lugar donde está, puede ver que se trata de una persona que no es Nancy, pero que intenta parecerlo a la perfección. Las manos son pesadas y grandes. Los dedos parecen mas bien de hombre que de una mujer flaca y simple. Las piernas, aunque tapadas con el desabillé, también son algo gordas para ser las piernas de Nancy. Los rasgos fundamentales de la cara están pintados, y no habla. Está muda, hasta que la cara de Nancy se llena de espanto y puede largar un enorme grito que lleva contenido desde que ingresó a su habitación.
Cuando se lleva las manos a la cara, para taparse el horror que tiene enfrente suyo, y entra en razón de que su mamá ya no vive mas en su casa, porque murió, la mujer que estaba tirada sobre la cama desaparece automáticamente, como el vendedor de tiempo de su vida, y de la vida en general. Nancy se sienta en una cubo de madera blanco, lleno de ropas. Llora enmudecida. No puede creer lo que le está pasando. Siente enormes ganas de llamar a su mamá y contarle todo lo que le está pasando, como nunca lo hizo en su vida, pero ya es tarde. Su mamá no está, y nunca va a volver a estar con ella, ahí, en ese lugar donde solían estar.
Pasa por la cocina. Entra con cautelosamente al living. Tiene miedo de encontrarse otra vez con ella, o quien hace las veces de ella. Antonio se tira del árbol, donde se resguardaba. Cae a un patio interno lleno de plantas, donde se camufla con ellas. La rengera lo ayuda a hacer todos sus movimientos mas precavidos. La ventana de la habitación de Nancy queda abierta.
Refregándose el codo en la cara, se levanta del cubo donde estaba. Avanza con pasos cortos y entrecortados hasta la cocina. Por fin cuando se asegura que no hay nadie mas que ella en la casa, sin saber si esto la alegra o la entristece, se sienta tímidamente en un extremo del largo sillón Le courbussier que forma una enorme ele. Levanta la tapa de su pc, y se conecta a Internet. Está deseosa por saber mas información de lo que le está pasando. Un mensaje “on line” llena su pantalla con letras coloradas:
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Manday, February 24, 2003 2:07 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: revelación secreta
Sensitivity: Private
...EL SECRETO DE TU VIDA...
Lacaracola_________________________________
From: Lacaracola
Sent: Manday, February 24, 2003 2:09 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: campañas orientales
Sensitivity: Private
“SÉ EL SECRETO DE TU VIDA”
Siente profundos deseos de morirse. Quiere estar en el mismo lugar que su madre. Se reprocha infinitamente no haberla escuchado a tiempo. Piensa en el vendedor de tiempo que está muerto, y en su mamá, que también lo está, y en que ya no hay nada que pueda hacerse para recuperar la vida de uno o del otro. Es irreversible, como las palabras, y los hechos, los viajes, los abandonos, las desapariciones.
Hace el intento de imaginar “que es lo que su mamá le podría llegar a decir”, pero es imposible. No se le ocurre pensar nada más que, “nunca lo va a saber”, y que nunca va a saber la verdad de lo que pasó con su papá, al que no conoció. Repentinamente aparece en su paladar el sabor de la malta que tiene la cerveza. Mira el vaso que está tomando y es whisky. J.B. Se acerca y lo huele. El olor del whisky es más fuerte, y ahuyenta al de la cerveza, que estuvo en su boca. Moja y empapa su boca con un trago que le chorrea por la remera blanca y no le importa nada. Imagina su cabeza como un queso gruyere, y se siente víctima del mundo. Una laguna de tiempo la atraviesa, y cuando sale de esa sensación de vacío y eternidad, piensa que en realidad, ella nunca hizo nada en la vida, ni con su vida, mas que jugar al juego de entretener gente. Se detiene, y piensa para quién jugó. Quién es su rey. Quien maneja sus actos.
Al cabo de un tiempo, que no sabe si perdió o pasó porque tenía que pasar, recuerda que antes había alguien en su casa esperando por ella. Le viene la imagen de su madre en la cocina. Pelando chauchas, hirviendo espinaca, cepillándole el pelo a la mucama. Piensa en la cantidad de horas que su madre pasó frente a los azulejos azules de esa casa, la misma que conoció desde su infancia, hasta que luego comprando la de al lado, la refaccionaron e hicieron “La casa de Nancy”.
- Mi madre ahora está muerta- se dice a si misma. Después de un tiempo escucha su pensamiento que agrega:
- ... y se llevó “algo”, que no quise escuchar, o que no pudo decir. No. No, algo que no pude escuchar... y que no voy a poder saber jamás...
Golpea la tapa de su pc hacia abajo. Se vuelve abrir sola. Aparece un mensaje que reemplaza al anterior. Mientras lo lee, persiste la imagen de su madre de espaldas, en la cocina, con cientos de ollas destapadas, cocinando para ella, pensando en vaya uno a saber que cosa... con el vapor de la coliflor y las batatas.
Kenedy88_________________________________
From: Kenedy88
Sent: Manday, February 24, 2003 2:19 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: el que busca, encuentra
Sensitivity: Private
YA NO TENES DE QUE PREOCUPARTE, MAS QUE DE ENCONTRARME...
Nancy se desespera. Piensa que quizás su madre no murió, sino que la mató este psicótico de mierda que la espía, le envía mensajes y la persigue por todos lados. Piensa en llamar a la policía. Al cabo de unos minutos descarta la idea. Prefiere comunicárselo primero a su amiga Claudia, y decírselo todo a ella. Enseguida se da cuenta que intentó hacerlo, pero no recuerda por que motivo no pudo. Después descarta la idea de hablar con ella, piensa que todo eso es un delirio suyo, que no tiene pruebas de nada, y que... está loca. Pero... ¿Los e-mails? Son una prueba... Pero... ¿Quién va a poder creerle que alguien que no conoce esté obsesionando con ella, y la espíe y persiga todo el tiempo a cambio de nada? Van a pensar que está mal de la cabeza.
-¿Hay algún tipo de amenazas concretas, reales?- Le pregunta su amiga por teléfono. Nancy empieza a creer que todo es producto de su imaginación. Que se está volviendo loca “en serio”. Descarta por completo la idea de llamar a la policía. Le pide disculpas a su amiga Claudia, y se justifica diciéndole que tomó demasiado whisky con pastillas. La amiga se ríe. Antes de cortar le dice:
- entonces debe ser cierto lo que me decís
Nancy se queda pensando en que su amiga tiene razón. Es cierto lo que le pasa.
Después siente la certeza de que tiene que dejar avanzar a ese anónimo que la sorprende, que él tiene algo para decirle y ella que escucharlo. Prefiere que las cosas salgan, como el pan caliente que hacía su madre en el horno de leña en la terraza, y que nada las retarde, ni que nadie se interponga en la relación de ellos, que está creciendo. De repente se siente feliz, como si todo el miedo que sentía se debiese a una pequeña luz que venía alumbrarla.
Vuelve a pensar que alguien, ese hombre anónimo trata de acercarse porque tiene algo que decirle. Nancy piensa en el padre que no conoció, el que huyó ni bien ella nació y que no sabe nada de él. El pecho se le cierra como un globo que se deshincha. Cree con toda su voluntad, que tiene la única posibilidad de saber quién es en verdad su padre, y que ella misma lo buscó exponiéndose de un programa a otro en televisión. Vibra al pensar que ahora lo tiene cerca, persiguiéndola desde su anonimato, y que esta vez no puede dejarlo escapar, como si hubiese habido alguna situación anterior, que ella sabe que no hubo.
Después de su enésimo whisky piensa en su infinita fortuna. “¿Será eso lo que quiere de mí?” se pregunta otra vez con miedo. Desecha la idea, de inmediato. Ya que a ella no le interesa nada de eso, y por eso piensa que a su padre tampoco debería importarle. Y que quizás no es su padre el que la está persiguiendo, sino un admirador que ella exacerba en su imaginación. Pero, otra vez en el fondo, no deja de creer que se trata del padre el que la persigue, al que nunca conoció.
Apaga la laptock. Se confunde al barajar la idea de que quizás le dio todo un sentido a la situación, que en verdad no tiene. Ahora, un enorme “vacío” se le desparrama por todo el pecho.
Después se siente muerta. Esa sensación la alivia un poco. Mira al jardín por la ventana. Una rosa china se enreda como queriendo entrar. Piensa que está torcida. Se ríe. Sin darse cuenta vuelve a encender su pc. Le aparece un mensaje nuevo en la pantalla:
Budadisección_________________________________
From: Budadisección
Sent: Manday, February 24, 2003 2:27 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: suplicio
Sensitivity: Private
ENCONTRAME. NO ME DEFRAUDES. SACA LA CARTA CORRECTA (LA MIA) SOS MI UNICA ESPERANZA.
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Manday, February 24, 2003 2:29 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: El tiempo pasa...
Sensitivity: Private
EL TIEMPO SE ESTA QUEMANDO... TENÉS QUE ENCONTRARME ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE...
Nancy mira el reloj. Es la hora que tiene que salir para hacer su programa. Vuelve a pensar en que debió escuchar a su madre, y que ahora “es demasiado tarde”. Se asombra al darse cuenta de las terribles coincidencias. Queda dura por un momento que para ella es interminable. Además siente la presión de salir. Vestirse y volver a ser “Nancy”.
Sube a un auto. La música le dice algo. Una trompeta se repite hasta el cansancio. Todo pareciera que va al revés. Está totalmente perseguida con la idea de que “ese tipo, ese monstruo, que atraviesa toda su vida a través de la pc, lo sabe todo de ella”.
El auto gira y la música se apaga. Alguien la saluda por el vidrio cromado. Ella suelta una sonrisa triste y ve los árboles. Todavía está en Belgrano. La gente pasa por la calle como dormida. El conductor no deja de mirarla por el espejo retrovisor. El semáforo se pone en verde y arrancan.
El auto la transporta hasta el canal de televisión. Se mete por el garage interno, que es como un túnel negro, hasta la puerta de su camarín. Más allá está toda la gente en el estudio. Esperando que comience el show. Nancy camina y se mueve como una autómata. La peinan y maquillan en pocos minutos. Mientras alguien le cambia la remera por un vestido ajustado a la piel, otra persona le cambia el color de esmalte en sus uñas, y ella ya es otra persona. Pero internamente no logra salir de su estado de persecución. Sabe que todos sus movimientos y pensamientos están siendo escuchados, dirigidos y manejados por alguien que no sabe quien es. Piensa en esa persona que no conoce.
Se ilumina al sentirla cerca. La percibe. Después cree que esa persona se encuentra en el mismo piso que ella, en el canal de televisión, y se llena de miedo, aunque sabe que el encuentro puede llegar a ser mágico.
Se ve totalmente nerviosa en el enorme espejo. Visualiza luces y sombrillas, y lombrices, y arañas en todo su cuerpo, que nadie ve mas que ella. No puede disimular que no está bien. Alguien le habla y ella no lo escucha. Su sonrisa parece de cartón pintado. Todo el mundo se da cuenta de que algo raro le pasa.
La acompañan del brazo hasta el plató. La gente aplaude como de costumbre. Las tarimas amarillas y los carteles con lámparitas de colores que giran y se suceden unas a otras le dan gracia. Se ríe. Todo parece mover a su alrededor, y se da cuenta de ello. La gente también. Piensa en avisar a la gente de seguridad, para que detengan al mundo, mientras habla del arte madi, pero no la hace. La gente queda hipnótica, expectante de lo que va a pasar, porque todos tienen la percepción de que algo extraordinario va a pasar. Afuera la luna, aparentemente, está en el mismo lugar de siempre. Nancy sigue repitiendo información acerca del manifiesto Madi de 1944. Cuenta que se exhibirán obras de Gino Luggi como “T.L-M/N 320”, o “Elpsis III” de Bence Marakfo, un húngaro que creó la obra en 1995, entre otras. El encuentro será en el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata, dice, mientras piensa que el encuentro será esa noche, ahí mismo, y sigue... desde el 15 de agosto hasta el 19 de octubre, los martes y viernes de 10 a 22 horas, y los sábados y domingos de 14 a 22 horas.
Se nota que ahora Nancy no sabe lo que dice, sino que dice simplemente lo que le dicen que tiene que decir. Si uno le pidiera que explicara lo que acaba de decir, seguramente se encontraría con un signo gigante de interrogación.
Ese hombre que la persigue se encuentra en su cabeza, sin dejarla ni por un segundo.
También se podrán ver obras del artista suizo Torsten Ridell, que diseña el espacio con ángulos agudos en blanco y negro, como “Díptico Del –1” y “Díptico Del –3”.
Por fin llega el intervalo, alguien le alcanza un vaso de agua y le dice muy bajo que le patinaban las palabras. Se comía letras y remarcaba otras. Nancy camina hasta el camarín pensando que es un mamarracho, pero no le importa. No da más por un lado, pero sabe que le está creciendo el otro. Ni bien se sienta en su sillón, pide que le alcancen su celular y hace un llamado. Gentilmente, invita que se vayan todos afuera, y que la llamen cuando tiene que aparecer nuevamente “al aire”.
Del otro lado de la línea le prometen traer un valium en menos de cinco minutos. Esos cinco minutos se hacen eternos. El programa mientras tanto continúa.
Ahora Nancy habla de los perseguidores de las miserias ajenas y parece irritada al hacerlo. La gente del plató se mira asombrada. Todos se dan cuenta que Nancy no está en sus cabales, y que está en declive, peor que antes. La pantalla, irónicamente se llena de “lo peor ya pasó”. Las letras de vivos colores hacen cruces por la imagen, multiplicándose, hasta taparla casi por completo. Cuando reaparece, continúa diciendo que hay que observar la técnica de la vida, cómo se filma, ya que su argumento puede cambiar, y a uno a veces le tocar interpretar una parte, o un personaje de la vida, y a otro arbitrariamente otro, pero que de ninguna manera debemos perdernos “el ver cómo se filman” los personajes de la vida misma. Cuál es la maquinaria autómata que nos engrasa y maneja. Habla sarcásticamente. No parece Nancy. Muerde las palabras, como si le viniesen del mas allá. Después habla del nuevo film próximo a estrenarse de Nanni Moretti, y todo parece encajar nuevamente. Los camarógrafos y asistentes dan respiro a su preocupación de que algo malo suceda “en el aire”, cuando van al corte publicitario. Ella sigue hablando como si nada ocurriese, como si el corte fuese inexistente. Así se extiende en un monólogo sobre la firma y las letras, el nombre y la tinta. Cierra los ojos, y piensa en las personas, en sus firmas, en su padre, en el registro civil y en ella.
La música que rueda desde atrás hacia delante informa que el programa está terminando. Nancy camina mareada directo hacia su camarín. No puede darse cuenta que no estuvo al aire ni quince minutos y que todo lo demás fue relleno de notas viejas y material sin editar, incluyendo un video clip. Tampoco puede dejar de pensar que ese tipo que mató a su madre (el que está obsesionado con ella), y que probablemente ahora mismo se encuentre en el mismo lugar que ella.
Tiene miedo, pero a la vez una inmensa intriga por conocerlo, saber quién es, que quiere de ella.
Sabe que su encuentro le cambiará la vida. “Será como ver las raíces de un árbol bajo el agua” piensa con miedo, y se ríe, mientras le quitan el maquillaje y la llevan al auto que la dejará en su casa como si hubiese sido un día común.
Pero ella se sube al auto y se baja a la vuelta de la esquina.
Viste como una total desconocida mientras camina por la calle. Cruza la avenida a los saltos. Se pierde entre gente vuelve de sus trabajos, o que terminan de hacer compras en algún supermercado de la zona. Se topa con unos chicos que vienen de jugar al fútbol, pasan con sus camisetas sudorosas y pantalones cortos. Ella sigue hundiéndose en la noche. Una noche desconocida.
Antonio cree conocer a Nancy de toda la vida. La sigue hasta perderse y no saber quién es, ni qué está haciendo. Incluso en un momento tampoco recuerda a quién está siguiendo, ni porqué.
Gira y se detiene. La vuelve a ver desde lejos. La reconoce. Se acuerda quién es y que está haciendo detrás de esa mujer fantasma. Piensa unos segundos con claridad. Esta vez decide hacer un camino estratégico. Vuelve hacia atrás, y entra por el otro lado de la calle, que también está oscura. Camina tan rápido que parece desesperado. Transpira. Se agita. La ve frente al resto “Boquitas pintadas” ya en Constitución y siente un enorme alivio. Reconoce una silueta familiar. Le da paz. Tranquilidad. Es como si hubiese encontrado sus anteojos de siempre que había perdido. Llegó a un lugar donde las prostitutas y travestis se juntan para atrapar clientes como moscas en un pedazo de dulce de batata descolorido. Después, el dulce se transforma en un enorme frasco de mermelada que los empalaga hasta convertirlos en peones manufacturadores en una cinta magnética que pasa con cientos de tarros para ser tapados a mano. Las manos se suceden unas a otras como una pintura de Andy Warhol, y las travestis y las putas se convierten en los capataces y dueños de esas fábricas de ilusiones. Así despojan a los clientes- trabajadores hasta el último centavo que tienen, seduciéndolos con sus increíbles tetas infladas y el ruego de una copa tras otra hasta hacerlos perder la cabeza. También algunos traficantes de drogas se dan citas por esas esquinas, para proveer a sus consumidores de finos placeres prohibidos.
Nancy va camino directo al resto. Antes de entrar se queda hablando con un travesti alto, de cara monstruosa, y minifalda plateada. Lleva una petaca de ginebra en una cartera de plástico roja, y no deja de estirarse la falda hacia abajo, como si sintiera vergüenza de que Nancy le viera que tiene las piernas mas bonitas que las suyas, (según él- ella).
Están arreglando para que un diller de mejor calidad pase por esa esquina a dejarles cocaína. Nancy saca su teléfono celular de su cartera enrejada con alambre, diseñada exclusivamente por Bottega Veneta, mira la oscuridad, y hace el llamado.
Mientras tanto, el travestí le convida un pase de su mala cocaína (atrozmente corta y diluida, incluso tiene pedazos de vidrio rayado). Nancy aspira a la vez que habla desde su celular. El espejito se cae y se rompe. El travestí putea, la mira y se ríe. Enseguida dice – no pasó nada, no pasó nada, linda- y se vuelve a reír tocándole el cachete derecho de su cara. Patea los restos del espejito hacia el cordón de la vereda. Los árboles tapan la calle y la hacen más oscura.
Nancy no deja de estornudar. De un instante a otro comienza a sangrarle la nariz.
Antonio mira todo desde atrás de un auto verde, muy viejo, todo destartalado, estancado ahí desde hace más de seis meses. Se dice a sí mismo y en voz alta:
- esto parece Whitechapel *
Nancy entra al resto. Sigue tan kisch como la última vez que fue a cenar con su productor y su madre.
Esa noche hay poca gente. Ya son más de las dos de la mañana. La música ambient ocupa los lugares vacíos como de costumbre.
Nancy se sienta sola. Saca su laptok y se conecta a la red. Un camarero negro le pregunta que va a cenar. Ella mira dos maniquies desnudos que están como besándose en la puerta. Abre la carta. Pide lo primero que señala con el dedo:
- Lomo con salsa de cerezas
- ¿con qué lo va acompañar?- Nancy lee en voz alta donde cayó su vista- Flan de habas con tomates secos, nuez, muzzarella, raíces de rúcula y pasta de aceitunas garuado con finas gotas de oliva.
- ¿para beber?-
- espero a una amiga... bueno, traéme una copa de oporto, o vino de ciruela ¿tenés?
- Sí, sí. Lo que usted prefiera...
- Sí, una copa de vino de ciruela, por favor
Antonio corre a un locutorio. El primer mensaje que le envía es el siguiente:
Lacascarasola_________________________________
From: Lacascarasola
Sent: Tuesday, February 25, 2003 20:07 PM
To: ‘nancymurat@yahoo.com.ar’
Subject: revelación secreta
Sensitivity: Private
YA NO TENES DE QUE PREOCUPARTE. SOLO DE MI. TENES QUE ENCONTRARME.
Mientras lo escribe comprende que no es él quién la tiene que encontrar, sino ella a él.
Nancy mira para todas las esquinas a través del cristal. Su mesa está ubicada en el vértice de las cuatro calles. En una esquina, bajo un árbol ve a un travestí, que está todos los días en el mismo lugar. Por un momento cree que él tiene algo que ver. Cuando lo ve subirse a un Audi blanco, descarta la idea.
Llama a su amiga Claudia. Le deja un mensaje en el celular, diciéndole que está muy cansada, y que se va a su casa, que por favor la disculpe, y que no la espere en el resto.
Se levanta sin probar un bocado del plato que pidió. Deja cien pesos sobre la mesa y se levanta poniéndose la campera de gimnasia Adidas que llevaba enrollada en su cartera.
Cuando sale a la calle mirando hacia fuera para parar un taxi, Antonio entra al resto.
Los cuerpos casi se chocan por la misma puerta. Uno que intenta salir. El otro que intenta entrar.
Nancy sigue preocupada, como abstraída de la realidad y de lo que acaba de pasar, metida en su mundo interior.
PROGRAMA-PROGRAMACIÓN DE PROGRAMAS
Nancy está pálida. Sigue temblando a pesar de los somníferos que tomó hace un momento con un vaso de whisky sin hielo. Presenta el back stage de un video nuevo de Marilyn Manson. Hay un espacio para que ella haga algún comentario, pero no dice nada. Se siente el hueco, el silencio, el vacío de sus lagunas interiores. Produce frío. Algo pasa en ese espacio en que no pasa nada. La gente habla. Cuchichea.
Después le sigue el turno al bloque “va de retro”, donde el estudio ultra moderno, se transforma en un estudio de la década del ’50, con micrófonos cuadrados de pie, tarimas largas y mesas semi circulares delante de decorados de cartón pintado. La transmisión se vuelve a blanco y negro, y Nancy tiene que extraer una carta del montón que hay en una piscina.
Detrás de los estrados están los concursantes elegidos la semana anterior. Antes de contestar las preguntas bizarras, al estilo: ¿qué droga utilizaba Ed Wood?, ¿cuál fue su peor película, (hoy considerada la más atrayente y creativa de su historia)? ¿cuántas relaciones sexuales dijo tener en toda su vida?, ¿cuántas películas hay sobre su vida?, aparece una voz en off publicitando galletitas, aspirinas, revistas y hasta objetos para adultos de un porno shop con call delivery cito en la calle Corrientes con sucursal en Florida.
Una fila de viejos y viejas, sentados detrás de cámara, en sillas de plástico rojo, se ríen desaforadamente frente a equívocos o chistes inentendibles de los noteros del programa. O aplauden frenéticamente cuando el cartel electrónico comienza a titilar con la consigna “aplausos”.
Cuando Nancy, preocupada, escupe la pregunta que el participante dos debe contestar: - ¿Con cuantos tiros se suicidó Kurt Cobain?, se le nubla la vista y siente cómo el mundo gira a gran velocidad. Todo está de costado para ella en ese momento.
Si contesta bien le pregunta, alcanza a leer de la tarjeta, le sigue la pregunta: ¿dónde? (se suicidó), y si sigue contestando bien, ¿a que hora encontraron su cadáver?, y la última de la tarjeta es, ¿qué decía su carta escrita segundos antes de morir?
Nancy mira al participante como si nada, pensando que en cualquier momento le toca su turno y con él, su muerte. Al instante, Antonio se da cuenta que Nancy tiene los ojos como dos lijas blancas. No ve lo que está mirando. Perdió la sensación en la mirada y pareciera que en cualquier momento se cae desplomada por el suelo.
Antonio piensa que ya está muerta. No siente la emoción que debería tener al estar en el lugar que siempre quiso estar, frente a la persona que siempre quiso tener y encontrar. Y que tampoco pasa lo que supuestamente tenía que pasar.
De todos modos, persiste su certeza, de que conoce a esa chica desde siempre. Que compartió interminables momentos con ella. Que ella lo acompaño en un montón de momentos de su vida que ninguna otra persona lo hizo, desde la cocina de su casa, hasta sus paseos nocturnos por la avenida Leandro N Alem con los pies en el verano.
Desde que la vio por primera vez (no recuerda cuando, ni siquiera ahora que la tiene en carne y hueso frente a sus narices) pudo sacársela de su cabeza. Ahora ella es parte de él, como si fuese una prenda íntima, o parte de su cuerpo, una uña, un diente, un ojo, o su propia transpiración. Solamente falta que ella lo recuerde, lo reconozca. Eso es lo único que ahora él espera de ella. Siente un manojo de nervios que se retuercen en su estómago queriendo salir como lombrices efervescentes, y no es por la pregunta que debe contestar, sino por la expectativa que tiene para que ella corra, lo abrace y lo reconozca. Le diga quién es.
La respuesta no aparece. El silencio se hace enorme. La gente que está en la tribuna comienza a mirarse entre sí. El minutero que desciende sin parar, al pie izquierdo de la pantalla parece no existir hasta que Antonio le pide a Nancy que le repita la pregunta. Nunca la escuchó, siempre pensó en otra cosa. En que es ella la que tiene que despertar, abrir los ojos y decirle quién es.
Nancy está confundida, atolondrada. No sabe que es lo que tiene que repetir. Piensa que repite siempre lo mismo, y que siempre está en ese estudio de mierda haciendo las mismas boludeces de siempre. Después le viene la imagen de su mamá cortando cibulette y cebolla de verdeo en una tabla de madera frente a la misma cocina, de la casa de siempre, con los mismos azulejos de toda la vida.
El cuchicheo de la gente que está en el plató crece hasta agigantarse como un enjambre de avispas a punto de explotar. Se baraja la posibilidad de cortar la transmisión, porque es obvio que algo anda mal y está fuera de control.
Antonio la mira. No hace más que mirarla, hasta el fondo. Le ve cara de gato. Piensa que tiene cara de hombre. Hasta que por fin, puede decirle por lo bajo, que la encuentra parecida a un amigo no ve desde hace muchos años. Le pregunta si ella es él. El mismo que vivía enfrente de una villa de emergencia en el Bajo Flores, cerca del barrio coreano, donde las mujeres sacaban sus maquinas de cocer para trabajar en la calle, al sol, todos los domingos.
Ella se pone furiosa. Tira de su pelo fuertemente hacia atrás, como si nadie la viera. Camina hasta el otro estrado, dejando aquella situación atrás. Toma otro sobre y lee una nueva pregunta para un nuevo participante.
Todos los recuerdos de su vida le vienen uno a uno en su cabeza. Encajan perfectamente como aros en un mástil tieso. Los recuerdos se agitan, se hacen escuchar. La atormentan.
Se ve saliendo del colegio en fila. Los demás padres llevándose a sus hijos, y ella esperando sola, sin que nadie se acordara de pasarla a buscar. Hasta que las maestras se cansan de esperar y la dejan caminar sola hasta su casa, con su mochila en la espalda. Después se vuelve acordar de su madre, llorando frente a la ventana de un cuarto con ella en brazos. Acunándola de un lado a otro, dándole una mamadera fría. Esperando a alguien que no viene. Misterios. Ausencias. Cosas sin resolver.
Se ve que Nancy no puede seguir adelante con el programa. La gente está expectante de que algo malo suceda.
Por fin, puede decir:
- no soy quien piensas que soy- y se queda pensando en quien es ella.
Dos asistentes la toman del brazo, corriéndola de la escena. Van a un corte publicitario.
Antonio se encuentra en el centro del plató. Mira a toda esa gente que lo mira. Parece despertar, o dormir aún más profundamente que antes. No sabe si lo que está viviendo sucede realmente, o es parte de un sueño que tiene desde la cama de su casa, un sueño de la infancia, como si hubiese soñado toda su vida, y despertara en ese momento sintiéndose un cubito de hielo.
Sale corriendo del estrado. Camina en dirección a ella. Se mete entre las personas que la sostienen y le pregunta:
- ¿Te acordas de mí? ¿Sabes quién soy?
Ella casi no puede respirar. Levanta la vista, lo mira. Mueve la cabeza diciendo que no. Verdaderamente no sabe quien es.
- pero si... – se interrumpe Antonio cayendo en la cuenta de que va despertando a otro mundo. Saliendo de la película que vivió casi toda su vida.
Ella levanta las manos como si fuese una delincuente que se entrega a la policía y dice
- podes dispararme, si querés. ¡Disparáme, por favor!-
Los señores de traje y corbata siguen arrastrando a Nancy que está detenida frene a ese tipo, y no da un paso adelante, ni hacia atrás. La gente de la tribuna entorna la cabeza para ver la escena final como si se tratara de un partido de fútbol.
Se escucha la voz de Antonio como un eco infinitamente repetitivo que dice:
- ¿No me conocés? ¿No sabés quién soy? Yo te conozco de toda la vida... jugábamos juntos cuando eramos chicos en la vereda de la casa de mi abuela ¿te acordás? Y ahora te convertiste en mujer...
- Dispárame, dispárame...- después de un rato- ¿Me podes disparar, por favor?...- dice ya tristemente Nancy al decepcionarse y darse cuenta que no se trata de la persona que ella creía que era Antonio.
Vuelve a odiar profundamente a todos los hombres. Siente un profundo deseo de exterminarlos a todos, empezando por su padre y terminando por Antonio.
- ¡Qué estúpida fui! ¿Cómo se me va a ocurrir pensar que él me va a estar buscando? ¡Sos un impostor, sos un impostor!- repite hasta el cansancio mientras le arrebata el arma a Antonio e intenta apuntarlo dirigiendo el arma para cualquier lado. el estudio se transformó en un verdadero caos, lleno de gritos y corridas. Mucha gente se tiró al suelo como si se tratara de un asalto. Los hombres de seguridad se la llevan por la fuerza. Los pies no tocan el piso. Ella sabe que deja todo atrás y que no va a volver a la televisión nunca más. No le importa. No le importa nada en ese momento. Desparrama puñetazos por el aire. Sabe que no lo va a recordar nunca más en su vida. O que va a recordar su silueta vacía toda su vida. Una imagen sin nadie adentro. Una no-imagen.
No le importa lo de la televisión porque no surgió efectos. El caza moscas capturó a una persona equivocada. Además sabe que deja una vida chata, lineal, terrestre, para seguir por la que va, la de la elevación. Los hombres de seguridad la agarran cada vez mas alto, ya que ella hace cada vez mas fuerza para soltarse y desprenderse de ellos y de todo ese ambiente que no funcionó.
FINAL
De la tele se alcanza a oír la voz de un periodista:
“Los muertos fueron en Irak, aproximadamente quinientas personas. Simultáneamente en Afganistán se encontraron armas nucleares que irradiaban nitógeno XY20, mortal para las veinte personas que la olieron y murieron instantáneamente asfixiadas. El mundo entero está conmovido por este vil atentado. Se habla de un nuevo kamikaze a la misma hora en Bagdal. Una mujer con una bomba atada en el abdomen se arrojó de una avioneta no documentada, cayendo sobre un supermercado y matando a mas de treinta personas e hiriendo a veinte niños de un jardín de infantes que se encontraba próximo al establecimiento.
Los hechos hablan de una sociedad enferma, sin límites, donde la injusticia y la cantidad de niños perjudicados en esa feroz masacre nos atañe a todos.”
Termina el comentario del periodista y la noticia se va con una canción primaveral que continúa inundando la escena con imágenes de un Buenos Ayres encantador. Lleno de gente que camina cerca de la autopista, por la plaza Defensa en San Telmo, un cielo rosa, imágenes de gente corriendo en los Bosques de Palermo, un restaurante lleno de gente, comiendo, todos de negro, felices de la vida y del lugar.
Antonio come un salamín en rodajas, que el mismo corta a medida que se le acaba. La mesa es de madera. No tiene mantel, sino cortes que él mismo hace con su cuchilla al no poner una tabla abajo.
El plato donde están las aceitunas, es blanco con flores celeste en sus bordes.
Después se levanta para buscar la comida del horno. Saca un mantel de hule blanco, con frutas de plástico en los costados, y recubre la mesa, como si esperara a alguien, o como si se tratara de un día especial.
Son las doce y media del medio día. Agarrar el control remoto de la tele, y sube el volumen. Le gusta la música de la propagandas. Ahora hay una de alfombras para oficinas “Caroll”.
Mientras come un pedazo de pastel de carne, que se lleva a la boca con un tenedor plateado, imagina que con la carne había una mariposa. Y que la mariposa ahora está en su estómago. Visualiza todo su interior. El tiempo se detiene para Antonio. Nada hay en ese momento que se interponga a la mariposa y a su interior. Ve como el jugo gástrico se mueve de un lado a otro. Ve el hígado, los intestinos. Los riñones. El estómago. La boca del estómago.
Cree efectivamente que la mariposa está ahí, bailando en su interior, entre sus órganos.
Toma otra porción de pastel. La traga con cuidado, tratando de que la carne caiga de un lado, y no del otro, para no aplastar la mariposa.
Antonio corre rengeando hasta la heladera. Mientras se limpia los labios con una servilleta de tela, mastica lo último que se llevó a la boca. Una pierna, después la otra. Nunca las dos al mismo tiempo.
Destapa un porrón de cerveza. Pone los pies sobre la mesa pequeña, y se estira. De tanto en tanto levanta la mano para tomar algún bizcocho de grasa, o alguna salchicha de copetín que lo espera en el plato.
Se refriega las manos. Una con la otra. El frío de la tarde de invierno hace que tirite, no tiene estufas, la que había a kerosene dejó de funcionar hace rato. Se pone un suéter celeste, viejo, tejido a mano sobre sus piernas.
El reloj que esta encima del televisor de madera muestra que son las cinco y ocho.
Una voz de mujer madura, habla acentuando bien las palabras, como si hubiese vivido mucho en esta vida.
Antonio se corre hacia delante, y vuelve a su lugar. Se levanta y toma el control, cambia de canal.
La espalda de Antonio tapa la pantalla. Pasa por varios canales. Vuelve a dejar donde escucha la reiterativa música industrial, cien por ciento electrónica. Pero no hay nada, solo letras y rayas que suben y bajan. Cambia de canal. Vuelve al de antes.
Permanece esa música por largos minutos hasta que Antonio vuelve a cambiar de canal. Deja un programa, aparentemente cualquiera cualquiera. Ahí encuentra algo que le interesa.
Se vuelve a mecer hacia atrás y adelante, como lo hizo siempre. Mira atentamente lo que dice esa mujer, que es periodista. Se nota que no escucha el contenido de la información que dice, sino que lo que le interesa es ella. La mira de forma inquietante, inquisidora, penetrante. Su mirada se pierde con la de ella, olvidando todo su pasado como si nunca hubiese existido. Comienza otro programa para Antonio.
¿FIN?
¿ME PODES DISPARAR, POR FAVOR?
1. No dejes de bailar, nunca (Una estrella cae)
2. Ciboulette
3. Soy perfecto
4. Vidas iguales
5. Vogue estrellado
6. Secuencias
7. El vendedor de tiempo
8. Blanca flor
9. Programa- Programación de programas
10. Final
* Suburbio londinense, cercano al mercado de Spitalfields, que logró aterrorizar a toda la población en 1888, donde en esa época de miseria y puritanismo, pululaban más de 80000 prostitutas. Ese mismo año, un cirujano retirado comenzó a asesinar y descuartizar prostitutas. Se le atribuyeron cinco víctimas y nunca fue agarrado. Se lo conoció como Jack “the ripper”, el primer asesino serial reconocido como tal en la historia mundial.
AGILIDAD = ACCION DRAMATICA
ACCION DRAMATICA = CONTAR
Describir todo, de manera simple.
Con objetos cotidianos
Ejemplos:
Para “mostrar” que está solo, y no decirlo con las palabras obvias. Se ve a un chico jugando con su propio dedo como si fuese un títere con el que hablar. Su amigo.
Usar metáforas.
Usar asociaciones, que muestren un encadenado o entretejido de la trama. Permite confeccionar sus “relaciones”.
Palabras claves, que en sus dimensiones de sentidos conducen a nuevas escenas encadenas por el mismo significante conductor.
Referencias:
· Amelié, película francesa
· La vida después de Dios, libro de Denis Coupland
Contestar las siguientes preguntas. Desarrollarlas e insertarlas en el lugar correspondiente.
· Cómo Antonio intenta localizar a Lorena. Cómo la busca. Cómo, de donde saca la dirección, el teléfono.
· Mostrar la obsesión por encontrarla. Paradójico, pues cuando la ve, se queda parado. Mudo, sin saber que hacer.
· Un hecho escandaloso hace que salga en la primera plana de todos los diarios.
· Sueño de Antonio una noche antes de participar en el programa: La impostura: Una chica se presenta en los estudios de tv diciendo que es Lorena. (Es su doble) Nadie sabe cual de las dos es la original. Solo Antonio sentado detrás de cámara, esperando para participar puede distinguir la original de la impostora. (Lo inverso de lo que el busca, el busca que ella lo reconozca a el). Se despierta sudoroso. Se sienta en la cama, se queda pensando. Va hasta la heladera y destapa la primer cerveza del día.
· A pesar de que Antonio cree que sabe quien es Lorena y que la reconoce, la confunde. La confunde con una chica que jugaba con el portero del edificio, y aun cuando era más chica, jugaba en un corralito con ganzos y un pavo real, del cual estaba enamorada, en un potrero. El pavo real era como su padre.
· Rasgos diferenciales: Antnio cuando era chico le gustaba jugar con los perros. Ahora al caminar por la calle ni los mira, se cruza de vereda al ver alguno. Desde que su perro lo mordió y se fugó.
· Antonio nunca viajó en avión, ni salió en televisión. Son dos sueños.
· Lorena le tenía miedo a la oscuridad cuando era chica. Ahora le gusta sacar fotos cuando nadie la ve. Le encanta mirar el color del cielo todas las mañanas.
·
Story line:
Idea:
Un hombre, Antonio, se obsesiona por un programa de tv, y su conductora. Busca que esta lo reconozca como su otro yo. Dice que es la persona que mas la conoce en la vida, ya que la vio todos los días del años. La miró y la estudió. Guarda recorte de diarios y revistas de ella. Cree que cada vez que piensa en ella, ella piensa en el. Que ella lo esta buscando también, aunque no lo sepa. Que ella lo conoce a él, tanto como el a ella, aunque no se lo pueda explicar.
El es fanático de ella, como si profesara una fe religiosa, y ella fuese su dios. Tiene fotos de ella por todos lados. Cada frase que recorta de ella, la estudia como si fuese la Biblia.
Esta obsesionado con que ella se de cuenta quien es el, que lo reconozca como la persona que sabe todo acerca de ella. Que se de cuenta que es ella la que lo esta esperando.
Ella, por miedo, finge reconocerlo. El se da cuenta que ella no entendió nada. Porque ni siquiera le muestra algo íntimo, ni lo trata bien. El siente una profunda decepción. Piensa que ella es una hipócrita, una mierda y que no valió la pena nada.
Flash back: Antonio era fabricante de espejos. Quedo sin trabajo. Mientras trabajaba, jugaba con las personas “hacerles de espejo”. Cada cliente que salía del local donde iba a retirar espejos, salía mareado, porque Antonio hacía que la otra persona se viese en él. Lo miraba fuertemente. Hacía que lo viese hasta el fondo de los ojos y ahí, el otro podía encontrar toda su figura, su retrato, en los ojos de Antonio. Acompañaba este juego, con frases y movimientos. Hasta confundir por completo a la persona y no poder diferenciar si el es el, o el es la otra persona, la que le había vendido el espejo.
Muy decepcionado por Nancy, Antonio pasa el día esperando que salga su boleto de lotería, mientras juega en su pc día y noche. De a poco se va familiarizando con la voz de una locutora de la radio (que escucha por su máquina) y va anotando datos para ir armando el identikit de quién es esta mujer. Y así se obsesiona por Lucila. (Como lo hizo anteriormente con Nancy)
Y Nancy, la conductora de tv lo busca desesperadamente porque se da cuenta que la única persona que la había escuchado y entendido era el. Pero no lo encuentra por ningún lado.
Antonio, protagonista de la historia, quiere conocer personalmente a Nancy, la conductora del programa de juegos y entretenimientos de la TV.
Se centra objetivos para poder acceder a ella. Le manda cartas, e-mails, consigue su numero telefónico particular y le deja mensajes previamente estudiados y preparados.
Finalmente se anota y llega a presentarse en el programa de ella. Conoce personalmente el estudio de grabación, los decorados y a Nancy.
Después de jugar y perder en el programa de entretenimientos, no se siente angustiado ni apenado porque piensa que lo más importante era ganarse el reconocimiento de Nancy. Pero Nancy lo desconoce. Lo trata indiferentemente. Dada la insistencia de Antonio, le toma un poco de miedo. Se queda algo pensando en el, ya que le parece una persona bizarra, pero no llega a reaccionar como esperaba Antonio. Se decepciona al conocerla. Personalmente es callada. Triste. Poco luminosa. Antipática (lo opuesto a como la veía por televisión)
Ocurre algo: Antonio conoce a Nancy.
Hay que hacer algo: Nancy no lo reconoce como el pretendía que ella reaccione al verlo. Ella lo hace con total indiferencia y naturalidad. Es la primera vez que lo ve.
Se hace algo: La sigue (decepcionado) hasta la casa. Se obsesiona con ella. No es a ella a quien ama, sino a él. Quiere que ella lo nombre. Le adivine el futuro. El le prepara la comida. Le lee libros. Le quiere dar todo lo que a ella le falta.
Se nota claramente un vuelvo de Antonio. De ser una persona tranquila, absorbida por la televisión. A una persona obsesiva, inquieta. Movediza.
Desenlace o final: Finalmente ella lo reconoce, o finje hacerlo. Le dice que lo estuvo esperando desde siempre, aunque no lo supiese.
El le dice, que ya no le interesa. (esta decepcionado) (no resulto ser la que el creía que fuese) (el ya esta obsesionado con otra chica, pero no se lo dice) Ojo que su obsesión no es sexual, no quiere ser novio de ella, ni nada de eso. Sino que quiere ser que su maestro lo reconozca como su discípulo.
Sigue jugando con la compu. Indiferente. Espera que ella se vaya.
Personaje principal, Antonio:
Trabajaba en una fábrica de espejos. Le gustaba imitar a las personas con las que trabajaba. Era buen observador y lograba imitar casi hasta la perfección los movimientos, gestos, ademanes y palabras que usaban las otras personas, hasta confundirlas. Y hacer que ellas se vean reflejadas en él. así se ganaba la atracción de sus clientes, conocidos y amigos.
La fábrica de espejos quebró y Antonio se quedó sin trabajo.
Se dedicó a tomar cerveza en el fondo de su casa. Solo. Al sol. Hasta que se hartó del sol. Vino el invierno, y empezó a encerrarse en el sótano de su casa a mirar televisión y tomar whisky. Se afeitaba una vez por semana y no tenía ganas de salir a la calle. Menos salía, y más le costaba salir.
Descubrió un programa de tv que lo entretuvo, hasta que atrapó hasta obsesionarlo.
Empezó a juntar todo cuanto salía en revistas y diarios de aquella conductora de tv. Y no hacia nada mas que pensar en ese programa. Se imaginaba todos los entretelones.
Su vida había cobrado sentido con ese programa y con ella en particular. No se podía imaginar la vida sin ese programa de tv que esperaba ansioso todos los días a la misma hora y por el mismo canal.
Escribió cartas al programa. El único cambio. La única salida a su vida, era participando en ese programa de juegos y entretenimiento. Era su única oportunidad de comenzar a jugar un juego.
Objetivo del protagonista: Icc: Encontrar su destino. Su obsesión por Nancy es un medio para llegar a su fin: estar internado en un hospital, con gente que lo entiende porque se comunica desde el silencio y desde la pintura.
¿Cuál es el clímax? ¿Es impactante?: El clímax es simple. Casi cotidiano, pero con la magia que los personaje no- vulgares llevan en sí. No es en si impactante. Sino que producen ternura. Puntos de identificación. Personas normales atípicas, o típicas anormales.
Rasgos principales del protagonista:
- Solitario
- buscando desesperadamente un sostén de identificación
- su personalidad se define como sin personalidad definida. No es. O, mejor dicho, es siendo los otros, estando con los otros.
- Su padre murió cuando era chico, a su madre no la conoció nunca, murió cuando el nació.
Que se quiere explicar con la historia que la vida es única y que hay que vivirla.
Que la vida es simple, y puede ser agradable si se tiene consciencia de que se esta vivo y que esta hecha solo de instantes y si no se tiene miedo.
Si se deja el miedo de lado, se puede perder el nombre y gozar más de la vida.
vale la pena el problema, ¿genera conflicto?
Sí, porque muestra, como las cosas son intercambiables. Como la obsesión de uno persiste y sigue mas allá del objeto en sí. Y que cada uno se marca su destino hasta cumplirlo. Uno es siempre el mismo por mas cosas que a uno le pasen, y por mas que se ponga mil disfraces.
Temporalidad (cuando)
Octubre 2002
Localización (donde)
Buenos Aires destruida (suburbana y super urbana).
Perfil de los personajes (quienes son)
- Un loco de clase media, un tipacho común. Un solitario que casi no conoce gente mas que sus ex clientes
- Una psicótica estrella de tv que vive en condición de indilgente (solitaria también a pesar de ser estrella de tv, es todo una careteada lo de ser estrella de televisión. Ella también juega a ser otra persona. Ella es todas las personas que la ven, pero cuando llega a su casa de siempre porque no se mudo, se da cuenta que esta sola y que no cambio en nada su vida, y que no sabe que cosas le agradan, ni como hacer para agradar a los demás. Una mujer que esta sola. Le gusta estar sola. Ella no acepta los cambios, que ahora tiene plata. Reniega de una vida pobre que tuvo cuando vivió con sus padres. Pero no se permite superarlos. Le da vergüenza. Por eso cuando llega del canal, lava ella misma los platos y vive con condiciones mínimas. Es como si tuviera dos personalidades. No puede aceptar que tiene plata, y no se hace cargo de la misma. Cuando sale ve que hay un montón de chicas lindas y ella nunca se ve linda. Por mas que la produzcan y la hagan linda. Se siente inferior a todo el mundo aunque lo disimula tomando cocaína y pastillas. Habla con todo el mundo sonríe, pero al llegar a la casa esta sola y no habla con nadie. Tiene un profesor particular que le enseña ingles, pero es re dura no aprende nada. No tiene memoria de nada. solo hace lo que le dicen que tienen que hacer. Se maneja por los carteles que le ponen detrás de cámara. Ella lleva con pesar no haber ido a buenos colegios. No haber tenido una buena educación. Lo paradójico es que mientras reniega de ese pasado pobre, hostil, donde faltaba plata y los padres se peleaban, de una clase social muy baja, no puede desprenderse y al llegar a la casa esta igual que siempre, como siempre. No cree merecer una vida distinta a la que tuvo siempre. Lo de ser actriz para ella es un juego. Un disfraz. Se cambio el nombre. Es como si tuviera dos personalidades. A veces hay gente que en los programas que ella conduce van participantes que la conocieron de chica, pero dudan si es ella. Porque esta muy diferente (aunque no saben que es la misma aunque lo oculte) y no se atreven a decirle nada. si lo dicen, ella lo niega. Pero ella los ayuda a que ganen. Lucha por la gente pobre para que salgan de la pobreza, aunque ella no pueda salir por mas plata que tenga.
Transcurso de la acción dramática (Cual es la historia que queremos contar)
Una historia sencilla
De soledades Sin refinamientos ni complicaciones
Dos retratos, exponente de estos tiempos de soledades
¿Cómo llegó Nancy a ser conductora de tv? ¿Cómo era Nancy antes de trabajar en la tv? ¿Qué hacía? ¿Qué comía? ¿Estaba casada? ¿Soltera?
ASOCIACIONES
F
F
F
F
F
F
F
f
Perfil:
En la televisión ve un micro programa dedicado a ella. Se titula “La vida en un segundo abierto” hoy dedicado a Nancy, la conductora de tevé más exitosa de los últimos cuatro años.
El informe, a pesar de durar diez minutos, es muy completo y dice mucho acerca de la vida de Nancy. Por momentos la imagen es turbia y aparece todo borroso, como en sueños, o como en las nubes.
Nancy no se llamaba Nancy antes de trabajar en la tevé. Cambió su nombre. Se puso un apellido ficticio y dejó todo su pasado para ser otra persona. Así, cambió el color de su pelo, de sus ojos, y se operó la nariz, los párpados y la cola.
Lo único que no cambió es el lugar de residencia. Porque a pesar de tener mucho dinero, no lo usa. Lo acumula en una cuenta en Suiza. Vive en un lugar bastante humilde. Cuando sale del canal, le gusta caminar sola. Perderse entre la gente común. Olvidarse que se expuso casi para el mundo entero, y ser una persona como cualquier otra. Por eso le gusta atarse el pelo, quitarse las lentes de contacto. Vestirse con zapatillas y jeans y volver a cambiarse el nombre.
Mucha gente no la reconoce. Y eso le gusta. Se pierde en el tren, viajando sin saber quien es. Esperando que alguien la nombre. Se pierde tratando de encontrarse verdaderamente. Aunque sabe que eso es imposible y nunca lo logrará.
Así deja de lado las horas de maquillaje y peluquería que la convirtieron en estrella por unas horas. Piensa en su madre, que nunca fue a un “Salón de belleza” y que ni siquiera sabe como es, porque no tiene la capacidad de imaginárselo, aún cuando ella se lo describa con lujos de detalle.
No le gusta que se acerque ningún hombre. Y muy a la imagen que da por televisión, de ser muy codiciada por los hombres, y de gustarle mucho a ella, les tiene como una especie de fobia. Y ni siquiera le gusta que la rocen.
Le gusta imaginarse como pasa el tiempo desde la mañana a la noche y las cosas pasan veloz al lado de ella, como una estrella fugaz.
Desde que se sube a un taxi y atraviesa la ciudad. Subiendo a una autopista. Bajando por la avenida de Julio y trepando en caracol por otra autopista. Transformarse en un camarín, como si fuese la mujer maravilla, y ser otra. con kilos de maquillaje y ropa que nunca antes se probó. Hasta volver en la noche a ser la nena perdida de siempre. La que iba al colegio secundario por la noche y se escapaba a fumar en el parque, con el pelo casposo y atado con una gomita de chicle Bazzoka.
Por la noche sueña que Nancy extrae su carta de una enorme pileta de espejos. Y que a la semana siguiente se presenta en el canal.
El estudio de televisión, es un gran decorado de tablas pintadas de colores, con luces, donde detrás no hay nada.
Antonio está detrás de una tarima con flores. Es el día más feliz de su vida. Repasa en su memoria y no encuentra nada. su vida, para el, comienza ese día.
Antonio mira fijo la tv. La conductora de tv habla a cámara y gesticula al hablar. Antonio se ríe. Se da cuenta que Nancy le habla a él. La mira y le sonríe. Ella se ríe. Antonio cree que le está hablando a él.
El encuentro en la TV
Antonio intercepta a Nancy cuando esta sale del camarín y camina por los interminables pasillos. Que son túneles metálicos. Los pasos de Antonio intentan ser rápidos, para no perderla de vista, aunque su dificultad para caminar lo impide un poco. Los de Nancy son nerviosos y apurados.
Antonio alcanza a Nancy. La toma por un hombro y la mira a los ojos
Literatura actual
Facundo









